La religión y la teología subyacen a los principales conflictos mundiales,
en Irlanda, en
Yugoslavia, en Palestina, en Cachemira y en Afganistán.
Talibán significa estudiante de las universidades coránicas, especialmente
de teología. En
1994 asumieron el poder sobre el 90 por ciento del territorio afgano,
imponiendo una
política teocrática fundamentalista que abrigó a la red de terrorismo
montada por Osama
Bin Laden contra quien se hace una guerra de vergüenza, pues es contra de
uno de los tres
países más pobres del mundo, y asolado por 22 años de guerra ininterrumpida
y una
inclemente sequía de tres años.
La importancia de la religión fue quizá completamente olvidada por los
estrategas de las
políticas mundiales. La mayoría de los jefes de Estado y de sus consejeros
son hijos de la
modernidad secularista, y discípulos de los maestros de la sospecha que
intentaron
deslegitimar el discurso religioso. Muchos de ellos consideran la religión
un fósil del
pasado mágico de la humanidad o cosa de quien no tiene razón como los
infantes, o de
quien ya perdió la razón como los viejos. En consecuencia, no tiene por qué
entrar en
consideración en las estrategias de la política externa mundial.
Esa omisión se mostró doblemente dañina, pues llevó a errores palmares en la
política
concerniente a Líbano, Irán, Palestina y ahora a Afganistán y no supo apreciar
positivamente la contribución que la religión puede proporcionar a la paz
como se mostró
en Nicaragua, en Filipinas, en Sudáfrica y antes, en la paz franco-alemana y
alemana-polaca.
Samuel P. Huntington, asesor del Pentágono, corresponsable por la desastrosa
estrategia
de guerra en Vietnam, se volvió famoso por proponer un nuevo paradigma de
pensamiento estratégico mundial para subsistir a la Guerra Fría. Acuñó la
expresión
"Guerra de Civilizaciones" como forma para identificar el estilo
futuro de
las guerras en el
contexto de la globalización.
Al responder a las varias críticas que le fueron hechas y al reconocer
honestamente ciertas
lagunas, en Foreign Affairs (nov/dic. 1993, 186-194), Huntington hizo una
afirmación de
gran relevancia para el tema que nos ocupa: "En el mundo moderno la
religión
es una
fuerza central, tal vez la fuerza central que motiva y moviliza a las
personas... Lo que en
último análisis cuenta para las personas no es la ideología política ni el
interés económico;
sino aquello con lo que las personas se identifican como las convicciones
religiosas, la
familia y los credos. Es por estas cosas que ellas combaten y hasta están
dispuestas a dar
su vida" (p. 191 y 194).
En otras palabras, se reconoce la centralidad del factor religión en la
formación de un
pueblo y en la definición de las identidades étnicas. Obviamente la religión
no sustituye la
instancia económica, política, cultural y militar. Mas cabe a ella formular
las motivaciones
profundas y crear aquella mística que confiere fuerza a un pueblo y que, en
ciertos
momentos, puede proporcionar las justificaciones tanto para la guerra como
para la paz,
como ocurre ahora en ambos lados, estadunidense y talibán.
Un elemento fundamental es descuidado con referencia al islamismo en los
países donde es
dominante. Debido a la fe en un dios único, no se hace la separación entre
lo político y lo
religioso, cosa que los países occidentales hicieron a partir del siglo
XVII. Tienden a hacer
del Corán referencia única en la organización de la sociedad y del Estado.
En la visión de
ellos, atacar militarmente un Estado musulmán es atacar al islamismo como
religión.
Significa resucitar el fantasma de las antiguas cruzadas. Y entonces
responden con la
“jihad” que originalmente no significaba guerra santa, sino fervor por la
causa de Dios en
el mundo, ahora traducida en forma de terrorismo.
Si tal imbricación político-religiosa existe, no es con guerras que se
establece la paz
política como lo quieren las potencias occidentales. Es menester antes un
diálogo
inter-religioso y una pacificación religiosa. Sustentamos la misma tesis de
uno de los
mayores teólogos cristianos Hans Küng: "no habrá paz política, si no hay
simultáneamente
paz religiosa". Y esa sólo surgirá si las religiones, en lugar de marcar
sus
diferencias,
buscaran los puntos comunes.
El propio Huntington al concluir su libro apela "al principio de los puntos
comunes" como
base para la paz posible en un mundo globalizado y multicultural. Hay
convergencias
notables entre las religiones. Pues, todas ellas buscan la justicia,
favorecen la concordia,
fomentan la solidaridad, pregonan el amor y el perdón, y muestran
sensibilidad con los
pobres y condenados de la Tierra. Por aquí hay un camino que nos lleva a la
paz y a la
convivencia fraterna entre todos y todas.