A 21 años de la desaparición de la poeta,
feminista y defensora de los derechos humanos en Guatemala, Alaide
Foppa, la represión en Guatemala repuntó con el gobierno actual en el que
están presentes seguidores del ex régimen castrense, al tiempo que se
acrecienta la militarización en las comunidades.
"Esa nueva forma de represión, el Estado corporativo mafioso, opera
con
impunidad utilizando estructuras de poder puestas en marcha durante el
período del conflicto" en la década de los 80, explicó el investigador
de
Amnistía Internacional (AI) para Guatemala, Frank Smith, en reciente
entrevista.
Conformado por ex militares, agentes de inteligencia y ex patrulleros
(fuerzas paramilitares), este poder opera en la clandestinidad y de forma
autónoma, indica Smith, y "están involucrados en el narcotráfico, el
robo
de carros, el tráfico de personas", así como otras actividades
ilegales que
les permiten allegarse de fondos.
"GUATEMALA AUN NECESITA APOYO INTERNACIONAL"
A cinco años de la firma de los acuerdos de paz, en Guatemala "hay
muchos casos de reanudación de la práctica de desaparición forzada, sobre
todo en las comunidades que reclaman su derecho a la tierra o a la justicia
en el caso de familiares masacrados".
Estas nuevas desapariciones, sin embargo, serían temporales aunque
como crímenes de lesa humanidad se suman a las casi 600 masacres
registradas en el Informe del Proyecto Interdioscesano para la
Recuperación de la Memoria Histórica, así como en otras fuentes
especializadas.
"La intimidación, vigilancia y desaparición forzada son los grandes
síntomas. Es una ironía porque el pueblo maya tuvo cierto éxito en su
reivindicación étnica pero este derecho no amenaza ninguna estructura
de poder vigente cuando estos sectores buscan inclusión en una
estructura económica o política encuentran problemas," advirtió Smith.
En este clima, el pueblo guatemalteco está desilusionado de la política
--lo cual se reflejó en la escasa votación de 1999--, al tiempo que requiere
ver cumplidos ciertos derechos bajo el proceso de paz porque son
comunidades que crecen y necesitan sanar, aseguró el especialista.
Para AI, la mayor preocupación es que Guatemala recupere al corto plazo
la atención pública internacional, la cual perdió con el proceso de paz y
que aún necesita, especialmente en el rubro de derechos humanos. A largo
plazo, el país centroamericano requiere acabar con la impunidad mediante
una restructuración social, que permita a las personas acudir sin riesgo
ante las instancias legales para hacer sus denuncias.
Finalmente, Frank Smith anunció que en febrero de 2002 el gobierno
guatemalteco se reunirá con el Banco Interamericano de Desarrollo --con
participación de la ONU y algunas organizaciones sociales--, para evaluar
el alcance a cinco años de los acuerdos de paz, logrados después de
"uno
los conflictos más largos y brutales del hemisferio occidental."
EL COSTO DE LA JUSTICIA
En este sentido, un espacio sintomático que muestra tanto la obtención de
justicia como el aumento a la represión, son las comunidades donde se
han exhumado los restos de familiares, masacrados colectivamente o
desaparecidos, indica el antropólogo mexicano Erick Morgan quien
realiza este trabajo desde 1998.
Morgan puso como ejemplo algunas exhumaciones realizadas en el
departamento San Martín Xilotepec, Chimaltenango. El antropólogo
participó en 1998 en el rescate de restos de 12 mayas cakchiqueles
asesinados por el Ejército guatemalteco veinte años antes. Entre las
osamentas estaban las de cinco mujeres adultas, tres niñas y un bebé de
tres meses.
Ese trabajo se realizó con el Centro para la Acción Legal en Derechos
Humanos. Un colaborador del organismo fue desaparecido por una
semana, golpeado y amenazado luego de realizar una exhumación
posterior en el mismo departamento.
"Realizar una exhumación es una labor delicada para la
comunidad",
explicó Morgan, quien trabajó con un equipo de la Escuela Nacional de
Antropología e Historia (ENAH) de México, "por un lado sana la
memoria al recuperar físicamente a las personas desaparecidas, pero por
otro, vuelve a abrir la herida".
"Aún más, pone a la población del lugar en peligro real de
hostigamiento
por los autores de las matanzas", señaló en entrevista donde reveló la
inquietante experiencia de identificar a las embarazadas cuando aparecen
junto a unos huesos mucho más pequeños.
Para la población indígena maya, remató, la ganancia al recuperar a sus
muertos además de un poco de justicia, es una experiencia religiosa que si
se lleva al cabo con acompañamiento adecuado al pueblo puede contribuir
mucho a su reintegración social.
ALAIDE FOPPA, DESAPARECIDA
El 19 de diciembre de 1980, en la Ciudad de Guatemala, presuntos
miembros de la inteligencia militar conocida como G-2, capturaron a la
escritora Alaide Foppa y a su chofer Actúm Chiroy, y desde ese día nadie
volvió a saber del paradero de las víctimas, aunque la Comisión de
Esclarecimiento Histórico (CEH), vinculó al militar Romeo Lucas García
con su posible ejecución.
De padre italiano y madre guatemalteca, Foppa llegó a México con su
esposo, Alfonso Solórzano, colaborador hasta 1954 del régimen
democrático guatemalteco. Fue catedrática en la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la
que también impartió Sociología de la Mujer .
En 1975, fundó la revista FEM, primera publicación feminista en México
que hasta hoy se publica ininterrumpidamente. Condujo el Foro de la
Mujer en Radio Universidad y asistía a reuniones de las organizaciones de
defensa de derechos humanos como AI, y la Agrupación Internacional de
Mujeres contra la Represión (Aimur).