En la industria maquiladora establecida en los estados del norte del país
--que por cierto está de capa caída y su producto interno bruto cayó
estrepitosamente este año por la recesión en Estados Unidos-- trabajan
más mujeres que hombres.
Para acabar pronto, la mayoría son mujeres, pero mujeres aplastadas,
marginadas, hostigadas por los patrones y por los jefecillos, violadas,
explotadas y todo el diccionario de palabras que se refieren al maltrato a
las mujeres nada más porque son mujeres, nada más porque son objeto
sexual de los machos.
Pues en estas maquiladoras, cada año 900 mujeres que laboran en esa
industria son despedidas por resultar embarazadas. Como no van a
resultar embarazadas si son violadas por los patrones y por los jefecillos.
Asimismo, en las más de 800 empresas ubicadas en Tijuana es una
práctica común no contratar a mujeres que solicitan un empleo y que
resultan positivas en un examen de ingravidez, algo que va en contra de la
ley máxima y de las leyes secundarias en materia laboral en este país.
Despedir a las mujeres embarazadas y aplicar exámenes de ingravidez se
ha vuelto una costumbre que las mismas autoridades laborales solapan y
las solapan porque son corruptas, porque están en contubernio con los
dueños y directorios de las empresas maquiladoras.
Para algunas empresas, como Samsung, despedir a sus trabajadoras
cuando se embarazan es una política que se sigue al pie de la letra. La
empresa, con tres plantas en Tijuana y más de mil 800 trabajadoras por
turno en edad reproductiva --entre los 16 y los 35 años--, obliga a las
mujeres embarazadas a renunciar o bien las colocan en puestos laborales
que requieren de un esfuerzo físico mayor al promedio, según denuncia
Elsa Jiménez, coordinadora en Tijuana de la organización feminista
Yeuani.
Esa organización es la única que desde 1998 ha documentado ese tipo de
casos en Tijuana, y llevado ante los tribunales laborales una veintena de
casos de mujeres despedidas por estar embarazadas.
Jiménez considera que el problema es de una dimensión mucho mayor, al
afirmar que sólo se logra documentar uno por ciento de los casos de abuso
contra las trabajadoras. Sólo el uno por ciento. La mayoría tiene miedo de
hacer la denuncia porque cree que no les van a hacer caso, o por la
vergüenza de declararse embarazadas.
El análisis de la problemática de las trabajadoras en las maquiladoras de
Tijuana por mucho tiempo se concentró casi de manera exclusiva en los
bajos salarios que perciben, y en las largas jornadas laborales sin
descanso, así como su exposición a sustancias consideradas como
peligrosas para la salud humana, pero se había dejado de lado el tema de
la discriminación por género que han padecido prácticamente desde el
inicio del esquema de maquiladoras, en las que 80 por ciento del personal
es del sexo femenino.
Para Jiménez, uno de los abusos más crueles y recurrentes es el despido
de las futuras madres, muchas de ellas solteras. Hasta hace poco, nada se
podía hacer para defenderlas y las autoridades laborales no reconocían
como causal de despido injustificado el embarazo.
"En 1999 nos planteamos la meta de crear el antecedente. No fue fácil,
y
en ese año logramos sacar nueve casos que se recibieron como despidos
por embarazos, y se obtuvieron laudos favorables a las mujeres; asimismo
se creó el precedente en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, no
sólo en la cuestión laboral, sino también de género", señaló.
A partir de entonces, Yeuani ha logrado la reinstalación de 19 mujeres
que fueron separadas de sus puestos laborales, una vez que se comprobó
ante la autoridad laboral que la causal de despido fue el hecho de que
estaban embarazadas.
Sin embargo, en el caso de las mujeres víctimas de la discriminación al
momento de la contratación, cuando se les exige el examen de ingravidez
es muy poco lo que se puede hacer, toda vez que no existe una relación
laboral establecida entre la solicitante y la empresa.
En este sentido, otras organizaciones como Factor X, mantienen un
activismo constante para obligar a las autoridades a prohibir ese tipo de
prácticas.
No obstante, es poco lo que se ha logrado y sólo algunas empresas han
dejado de practicar el referido examen, aunque la mayoría todavía lo
realiza en sus mismas instalaciones o lo solicita como requisito para la
solicitante de empleo.
Por su parte, el director de la Asociación de la Industria Maquiladora de
Mesa de Otay, José Pacheco, donde se concentra la mayoría de las
maquiladoras de Tijuana, reconoció que en muchas de ellas se practican
los exámenes de ingravidez, y sólo se limitó a señalar que esa práctica
está permitida a las empresas por el marco legal correspondiente.
Sea lo que fuere, los exámenes de ingravidez no deberían de estar
permitidos. Van en contra de la dignidad humana, de los derechos
laborales, de los derechos humanos de las mujeres. Esta es una tarea
pendiente para el Congreso de la Unión. Dejar bien claro que las mujeres
tienen iguales derechos que los varones en el trabajo, en el ingreso, en el
respeto a su género, en el respeto a su cuerpo, en el respeto a su condición
de procreadoras de seres humanos. ¿Si los hombres pudieran quedar
embarazados los tratarían de la misma forma?
El Congreso tendrá que legislar y pronto sobre el tema. Los partidos
políticos progresistas como el PRD, que a veces parece más a la derecha
del PRI, tendrán que presentar iniciativas para la defensa de las mujeres,
no porque éstas sean débiles, que no lo son, sino porque el machismo
mexicano las trata como cosas de placer, como juguetitos sexuales.
Afortunadamente, las organizaciones gubernamentales en defensa de la
mujer han crecido. CIMAC es un ejemplo de información sobre lo que
ocurre en el mundo fascinante y a la vez terrorífico de las mujeres.