En Argentina, las primeras mujeres que se ocuparon y preocuparon
por organizarse sobre el tema de la participación política y su
consecuencia: el sufragio femenino, fueron las militantes del Partido
Socialista y las anarquistas. Estas mujeres comenzaron a luchar por
conseguir igualdad de derechos y de oportunidades a la par de los
hombres, quienes contaban con derechos cívicos casi desde el mismo
momento en que plantearon la necesidad de organizar una nación y un
Estado nacional argentino.
Para tal fin, las socialistas y anarquistas, siguiendo el ejemplo de sus
pares europeas fundaron entre 1900 y 1910 una serie de agrupaciones
en defensa de los derechos cívicos de la mujer. Y a ellas las siguieron
otros grupos de mujeres, menos radicalizadas pero tan progresistas
como ellas, que tenían reivindicaciones similares.
El por qué de la lucha
Al comienzo del siglo XX, el modelo femenino en Argentina estaba
cambiando. Las mujeres, aún aquellas que tenían su ámbito de
desarrollo en el seno del hogar, aprendieron de los hombres y de las
noticias que les llegaban desde Europa y Estados Unidos, que ellas
también tenían derechos.
Por la legislación imperante en Argentina en esos años, las mujeres no
tenían presencia cívica. Para la ley eran consideradas poco menos que
minusválidas o menores de edad eternas, ya que pasaban de depender
de su padre al esposo, en caso de casarse, sin solución de continuidad.
En cambio, los hombres tenían derecho al voto y sus derechos como
ciudadanos eran plenos desde la primera vez que se votó en el país.
Aquí vale una aclaración: no todos los hombres podían ejercer con
libertad sus derechos cívicos. Recordemos que en nuestro país los
mismos fueron restringidos a una minoría ilustrada que controlaba el
voto de los “varones mayores de 18 años”, según conviniera. Esto
será así, en principio hasta la llamada Ley Sáenz Peña y la Reforma
Electoral de 1912, y aún así se votará con restricciones hasta por lo
menos los gobiernos radicales de las primeras dos décadas del siglo
XX.
Pero las mujeres quedaban fuera de la vida como ciudadanas, no
participaban de la vida política, no tenían derechos cívicos, eran poco
menos que incapaces ante la ley.
Los primeros intentos de organización para la lucha por los derechos
cívicos
A principios del siglo XX, las mujeres más informadas y con un espíritu
de lucha un poco más desarrollado, formaron lo que se conoció como
Unión y Labor para el Progreso Femenino y la Protección del Niño en
1900, la Asociación de Universitarias Argentinas en 1902, y en 1905, el
Centro Feminista de Buenos Aires y la Liga de Mujeres Librepensadoras.
Como sus nombres lo indican, eran todas agrupaciones que buscaron la
reivindicación de los derechos políticos de las mujeres. Y a estas
organizaciones se les sumaron las Agrupaciones Femeninas Sufragistas,
en 1902 el Centro Socialista Femenina, en 1907 el Comité Pro-sufragio
femenino y el Centro Femenino Anarquista; en 1919 el Partido Feminista
Nacional. Y en 1930, el Comité Argentino pro-voto de la Mujer.
Cuesta imaginarlo, pero se puede vislumbrar una época de efervescencia
política en la que las mujeres más ilustradas y preparadas intentaron
organizarse y hacerles conocer a las otras, menos afortunadas, muchas de
ella inmigrantes, la necesidad de saber de sus derechos.
La tarea no fue sencilla ni corta: todavía a mitad del siglo XX la mujer
argentina seguía sin tener derecho a votar y continuaba sin ejercer sus
derechos cívicos. Imaginemos cómo era la vida entonces, nosotras,
mujeres modernas, que trabajamos, que defendemos lo que nos parece
justo. Que estamos preocupadas, a la par de los hombres, por emitir
correctamente nuestro voto, por defender nuestros derechos que nos
parecen tan naturales y no discutibles.
Poco a poco, las primeras mujeres luchadoras empezaron a ser
acompañadas por otras progresistas, pero menos radicalizadas en sus
reivindicaciones. Pero todas con el firme propósito de luchar por
conseguir el sufragio femenino y la plenitud de los derechos para la
mujer. Y esta lucha no era sencilla porque diariamente se cruzaba con la
problemática de la mujer que era mucho más amplia: la mejora de las
condiciones de trabajo, pedidos de asistencia, protección para las
embarazadas y sus hijos.
Luego del golpe de 1930, las agrupaciones femeninas sufrieron algunos
cambios; el conservadurismo que tomó el poder de la mano de Uriburu y
Justo, alejando el gobierno del presidente radical Hipólito Yrigoyen,
dificultó parte de los reclamos femeninos que debieron abandonar la
cuestión de la mujer en general, y centrarse en la cuestión del sufragio en
particular.
Los diferentes partidos políticos comenzaron a sumar mujeres dispuestas
a pelear por lo suyo, conscientes de que las mujeres fuimos una fuerza
importante dentro de la sociedad: en 1933 se crea la Asociación de
Mujeres Radicales (de la Unión Cívica Radical); en 1946 la Secretaría
Femenina del Partido Laborista, y la Secretaría Femenina de la Unión
Cívica Radical. En 1949, el Partido Justicialista organiza su Rama
Femenina.
Antecedentes de la participación femenina en el gobierno gracias al voto
Las inquietas mujeres no cejaron en su lucha y lograron que poco a poco
se les tomara en cuenta. Así, en 1862 habían logrado que en San Juan se
las incluyera en la votación, aunque el voto fuera calificado en las
elecciones municipales. Tuvieron que esperar hasta 1921 para que se
repitiera la participación: en Santa Fe se promulga una Constitución que
aseguraba el voto femenino a nivel municipal, aunque la participación
fuera menor.
En 1927, cuando en San Juan se sanciona la nueva Constitución, estas
luchadoras logran que se les reconozcan iguales derechos que a los
hombres. Pero el golpe de 1930 anula cualquier posibilidad de
reconocimiento femenino: las mujeres son eliminadas como ciudadanas
del padrón electoral. Habrá que esperar hasta la llegada del gobierno de
Perón para que nuevamente se les tenga en cuenta. Pero la lucha no había
terminado. Continuaría.
La ley del voto femenino. Eva Perón, año 1947
Ya habían pasado muchos años desde el comienzo de la lucha. Casi
medio siglo tardará en imponerse la iniciativa levantada por aquellas
mujeres a principios del siglo XX, para que la población femenina con
mayoría de edad accediera al derecho a elegir y ser elegidas. No existía
ningún fundamento legal para la exclusión de las mujeres a la hora de
emitir sufragio, eran más bien las concepciones sociales predominantes,
anticuadas, desactualizadas, no acordes con lo que sucedía en el mundo y
con el protagonismo femenino a nivel mundial.
Precisamente, esa ambigüedad legal permitió que en septiembre de 1947,
en virtud de la ley 13.010 votada por el Congreso Nacional durante el
primer gobierno de Perón, las mujeres obtuviéramos por primera vez
derecho a participar de una elección y tener los mismos derechos civiles
que los hombres, a pesar de que hacía muchos años que constituíamos
una fuerza laboral importante en el desarrollo de Argentina.
La promotora de dicha ley fue la ex primera dama argentina Eva Perón,
una de las impulsoras de los reclamos femeninos que muchas otras
mujeres enarbolaron hacía medio siglo, y por los que realmente lucharon
sin pausa.
Pero fue hasta el 11 de noviembre de 1951 que la mujer argentina emitió
por primera vez su voto a la par de los hombres, del resto de los
ciudadanos.