No resulta nuevo que nuestros legisladores trabajen en períodos
extraordinarios, lo han hecho siempre. Ocurre que los temas importantes y
de gran interés para el gobierno se desahogan en los últimos días del año.
No es verdad que las iniciativas se atoren, se trata simplemente de llegar a
una negociación donde una de las partes otorga, concede, acepta los
beneficios que la otra parte obtendrá de aprobarse tal o cual iniciativa,
reforma o presupuesto.
El jaloneo del dinero es siempre un tema que se presta a pactos, que luego
no siempre se cumplen. La bancada de un grupo parlamentario extiende
su red de poder negando lo que terminará concediendo una vez que
considere que se le concede lo justo.
Así es la política, y si los nuevos hombres y mujeres en el poder no lo
comprenden habría que alertarles la memoria o acercarlos con el jefe
Diego quien es experto en las concertacesiones, tan criticadas en tiempos
de Salinas y tan provechosas para el PAN.
No debemos asustarnos por las viejas prácticas, ahora el PRI hace
exactamente lo que antes hicieron los partidos en la oposición. Pero si
bien ellos han aprendido pronto a no estar en el gobierno, al PAN le
resulta extraño ejercer la política desde el poder mismo.
El juego del galanteo y el recato existe desde la primera conversación,
pero sería ingenuo pensar que la oposición aceptará todo de una vez y a la
primera. Más ilusorio sería pensar que las iniciativas que emanan del
Ejecutivo lleguen impecables, y sin contener desfiguros y torpezas.
Sin embargo, de una u otra manera el Congreso salvará su dignidad sin
dejar colgado al gobierno. Todo esto desde luego, tirando del tiempo hasta
casi terminar con el período extraordinario. Mientras ellos trabajan y se
afanan, desde este espacio les deseo una feliz Navidad y un año nuevo
donde a Fox le vaya mejor y por ende a México.