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viernes 30 de noviembre del 2001
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Se pide la renuncia del procurador de Chihuahua

Una cruz con 260 clavos, es la forma con que miles de personas claman justicia para las muertas de Ciudad Juárez

Sonia del Valle
cimac | México DF

Quedó clavada con hierro, en la Plaza Hidalgo, frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, una enorme cruz que reza “Ni una más”.

La cruz está montada en una estructura de madera pintada de rojo, a la cual le fueron colocados 260 clavos de aproximadamente 20 centímetros de largo que se utilizan para los rieles de ferrocarril en los que pusieron el nombre de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez.

Como una forma más de protesta, frente a la falta de investigaciones de las autoridades de la Procuraduría de Justicia del Estado, trabajadores de las empresas maquiladoras y extrabajadores, junto con las organizaciones civiles de mujeres, entre ellas el Grupo Feminista 8 de Marzo, develaron la cruz y pidieron la renuncia del procurador de la entidad, Arturo González Rascón.

En el acto, al que acudieron centenares de personas, Hipólito Duarte, extrabajador de Aceros de Chihuahua, entregó la cruz a nombre de su gremio al tiempo que señaló: “hemos llegado a un encrucijada. Estamos en una profunda crisis que se expresa en la pobreza, en la ausencia de derechos para los más y en un creciente malestar”.

Indicó que las 260 mujeres asesinadas en Ciudad Juárez son igual número de clavos en la cruz. “Y nos preguntamos: ¿hay que llegar a estas aterradoras cifras para darnos cuenta, del descuido de los gobernantes para producir las condiciones de seguridad que garanticen una vida digna, en la que las mujeres y los hombres, por igual, gocen de la dignidad plasmada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos?”.

Sostuvo que los trabajadores se solidarizan con las y los familiares de las víctimas “y saludamos la valerosa e inteligente lucha de las mujeres que encaran hoy al mal gobierno. Hoy entregamos esta cruz a la comunidad, es un signo de lo que se padece en Chihuahua, un permanente recordatorio de lo que no queremos nunca más y que la comunidad condena sin cortapisas frente a una burocracia que fue educada en la ceguera.

Posteriormente invitó a quienes “dudan todavía de esta justa causa” a contar, uno a uno los clavos de esta cruz y que al hacerlo piensen en las vidas truncadas, en los hogares destruidos, en los amores que bruscamente se destejieron, en las ilusiones rotas, en la orfandad, en la ofensa.

Finalizó su discurso señalando que la cruz que hicieron con sus manos se quedará anclada con hierro en la Plaza Hidalgo y pidió a las autoridades municipales no retirarlas hasta en tanto la denuncia que simboliza sea resuelta satisfactoriamente. De lo contrario, sentenció “mañana vendremos y develaremos otra cruz de doble tamaño”.







       
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