OPINIÓN
Uruguay: misión cumplida, vamos por más
Isabel
Villar cimac | cimac
Luego de más de 50 intervenciones
distribuidas en seis sesiones parlamentarias, la última prolongada
por más de 9 horas, y una votación de 47 a favor y 40 en contra
sobre 87 legisladoras y legisladores presentes, la Cámara
de Diputados otorgó media sanción a la Ley de Defensa de la
Salud Reproductiva, elaborada en la Comisión de Salud luego
de escuchar a más de 30 representaciones de diversos actores
sociales durante 11 meses.
No sólo los números, pero también ellos,
vienen al caso para llamar la atención sobre el trabajo
que supuso llegar a ganar este primer round legislativo
--en el Senado se librará el próximo-- que marca un hito
en la historia de un tema polémico, que atraviesa a los
partidos políticos, a las comunidades científicas y académicas,
a los profesionales de la salud y otras disciplinas, a las
religiones, a la sociedad en su conjunto. Un tema que durante
los últimos 64 años tiene a las mujeres, particularmente
las más pobres, de rehenes de una confrontación que para
nada evita dejarlas absolutamente expuestas cuando la necesidad
de interrumpir un embarazo no planificado se convierte en
certeza de conciencia. Un circuito clandestino inseguro
y mercantilizado, cuando no los recursos caseros del perejil,
las sondas, los venenos y similares, fue la única alternativa
para ellas por más de seis décadas, si no disponían del
dinero para acceder a una clínica, igualmente clandestina
pero al menos segura.
El l0 de diciembre, en la Cámara de Representantes
se ganó una batalla aunque no la guerra. Pero, avalada por
uno de los debates más grandes que una ley alcanzó en esos
ámbitos --lo que no se mide sólo por cantidad de palabras
vertidas sino por la variedad de argumentos--, y habiendo
sorteado las presiones más desembozadas, que en algunos
momentos alcanzaron decibeles terroristas, no se trata de
cualquier batalla. El Senado no estará libre de confrontaciones
elusivas ni de presiones, sin duda, y es de esperar que
sepa hacer honor al antecedente. Aunque el “cuco” del anunciado
veto presidencial ya se esté manejando a manera de burda
disuasión, cabría preguntarse: ¿se atrevería el titular
del Poder Ejecutivo a anular de un plumazo la voluntad de
un Parlamento que, como pocas veces, se juega por el bien
de la gente? La carrera de descrédito de las instituciones
públicas viene en ascenso, y en ese marco los representantes
del pueblo acaban de dar un salto hacia adelante. No será
sin costo para el doctor Jorge Batlle torcer una voluntad
positiva en medio de tanta borrasca. Con el único argumento
de un acuerdo electoral que hizo por especulaciones políticas
que sólo a su sector incumben, además.
AGENDA PUBLICA ENRIQUECIDA
En la última sesión plenaria, el debate
sobre la Ley de Defensa de la Salud Reproductiva no experimentó
mayores novedades respecto de las cinco anteriores. La defensa
de una vida idealizada no faltó a la cita, aunque a veces
algo asordinada, ¿avergonzada tal vez por su falta de puntos
en común con la porfiada realidad? De los alegatos más consecuentes
con esta postura, tan desvelada por los niños no nacidos
que parece ciega a la suerte de los nacidos, más hambreados,
desasistidos y violentados en sus derechos que nunca --“se
defienden las células, pero se olvida que se mueren si no
se las alimenta”, recordaría el diputado encuentrista Raúl
Sendic en la escueta fundamentación de su voto afirmativo--
pueden rescatarse aspectos que contribuyen a poner en la
agenda pública temas que siguen en el debe de esta sociedad:
la educación sexual y la planificación familiar entre ellos,
pero también la ominosa omisión del Estado en el combate
de los males sociales, crecientes y con riesgo de cronificación.
Contraria a la ley en discusión, la legisladora
forista Martha Montaner --que se retiró de sala a la hora
de votar-- abogó por “una coordinación de las políticas
de educación, prevención, formación e información a través
de los Ministerios de Educación y Cultura y Salud Pública
con la sociedad civil y organizaciones no gubernamentales”.
Firme titular del voto por la negativa, el nacionalista
Gustavo Penadés defendió la educación sexual, mientras que
su correligionario Jaime Trobo, en coincidente posición,
acusó al Estado de “incapaz para atender las situaciones
de indigencia”. Tras ellos, el forista Rubén Díaz iría a
concluir que “este debate es bueno para el país”, aunque
rechazó la iniciativa de ley porque el aborto le parece
“agresivo para las mujeres”. Con esta discusión, “un sistema
tan denostado por la opinión pública ha aportado elementos
a la agenda pública”, coincidió la encuentrista Margarita
Percovich, comprometida partidaria de la ley en trámite.
Aunque no se midió formalmente, sin duda
que las estrategias propuestas por quienes se oponen a la
despenalización del aborto tienen el consenso interpartidario
que la Ley de Defensa de la Salud Reproductiva no alcanzó.
Pero resulta que mientras y desde siempre, “En este país
se aborta en todas las clases sociales, en todas las edades
y profesiones. Abortan las mujeres blancas, negras, judías,
católicas y musulmanas”, y “hoy nos acordamos de educar,
de crear condiciones sociales. ¡La vida entera peleando
por eso!”, como introduciría el encuentrista José Bayardi
al convocar a no usar atajos y hacer honor a la responsabilidad
del momento: “compatibilizar lo individual con lo colectivo:
dejar que la decisión de abortar pase al plano individual
y asegurar que se pueda efectivizar con garantías”. El también
encuentrista Enrique Pintado señalaría al dar su voto afirmativo
para “despenalizar lo que la sociedad ya ha despenalizado”,
que es “hora de dejar de hablar de la pobreza y hacer algo
por los pobres”.
SATISFACCIÓN CON CAUSA
La votación del proyecto en general fue
nominal y tensa: se hacían cálculos, los números se acercaban
y el resultado era incierto. Cuando Guillermo Álvarez, presidente
de la Cámara, anunció la aprobación por 47 votos contra
40, algunas de las mujeres que colmaban las barras se abrazaron,
antes conmovidas que eufóricas y con sonrisas cansadas.
Más que un triunfo, que lo fue en términos de avance, se
congratulaban del reconocimiento a los derechos sexuales
y reproductivos de las mujeres que acababa de hacer el pleno
parlamentario, una causa tan arduamente peleada en el día
a día.
Más tarde hubo diputadas que hicieron lo
propio, con todo derecho: las que se empeñaron en que se
encontrara una salida para el sufrimiento cotidiano de tantas
mujeres, desde la Comisión de Equidad y Género cargaron
sobre sus hombros con la tarea de abrir ojos y conquistar
oídos, de remover conciencias y sensibilizar corazones.
Elocuente fue en sala el saludo entre la
encuentrista Daisy Tourné y la quincista Glenda Rondán,
dueña esta última, según dijo, de “tranquilidad de conciencia
y satisfecha de no haber cedido a las presiones”. Aunque
su partido, como todos los demás con representación parlamentaria,
votó dividido, el líder de su sector Jorge Batlle es quien
amenaza con el veto si la ley resulta aprobada.
LO QUE VIENE
Varias horas más insumió la discusión del
proyecto en particular, es decir artículo por artículo.
Las modificaciones fueron mínimas y, en general, previamente
acordadas. Cuestiones de técnica legislativa amenazaron
con empantanar la discusión en el último tramo, pero hasta
eso se superó, incluso con la colaboración de algunos representantes
contrarios a la iniciativa quienes, a diferencia de la bancada
nacionalista que se retiró en bloque luego del primer resultado,
permanecieron en sala participando hasta el final.
En esta etapa, varias veces se puso en evidencia
la voluntad política de agotar el tema aprovechando al máximo
la duración reglamentaria de la sesión, pese al cansancio
generalizado y evidente, a las dificultades de intentar
legislar en sala para sortear problemas sobre todo formales,
a algunos intentos, que los hubo, de trancar al borde de
la línea de llegada. Y justamente cuando el reloj de sala
estaba a punto de marcar las doce de la noche del l0 de
diciembre, desde la presidencia de la Cámara se anunció
la aprobación del último artículo. Misión cumplida, vamos
por más.
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Directora del suplemento La
República de las Mujeres,
del diario La República, de Uruguay.
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