El Charco es una pequeña comunidad mixteca del
municipio de Ayutla de los Libres, ubicado en la región de la costa chica
del estado de Guerrero. En él habitan alrededor de doscientas personas y
está a unos 35 kilómetros de la cabecera municipal.
El Charco seguiría en el olvido de no ser por la matanza del 7 de junio de
1998 que le dio fama; cuando el ejército rodeó la escuela del lugar,
Caritino Maldonado, en la que supuestamente se alojaba un grupo de
guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y
masacró a once personas.
La región montañosa donde se ubica El Charco fue, desde tiempos de la
Colonia, zona de refugio para grupos indígenas (mixtecos, tlapanecos y
nahuas) que ahí sobreviven de forma precaria cultivando maíz y caña en
parcelas de infrasubsistencia.
Durante mucho tiempo esos indígenas encontraron un rudimentario complemento
a su ingreso ocupándose como jornaleros en las franjas costeras de la costa
chica, donde en el periodo de la segunda guerra mundial se expandieron la
copra, otras plantaciones y algunos cultivos comerciales como la jamaica.
El frágil equilibrio de esta economía campesina se fracturó como
consecuencia de la apertura comercial y las reformas emprendidas por el
presidente Carlos Salinas, que provocaron el desplome de precios de los
productos agrícolas regionales. En la última década se incrementaron la
pobreza y la migración (al puerto de Acapulco, al norte del país y hasta los
Estados Unidos).
Ante la masiva salida de los hombres que partieron en busca de trabajo,
parte importante del sostenimiento de las familias indígenas recayó en las
mujeres que permanecían en sus pueblos.
EL HAMBRE, PRECURSORA DE LA MILITARIZACIÓN
Como consecuencia del empobrecimiento regional, por una parte se agudizó el
uso de fertilizantes y herbicidas químicos que provocaron el deterioro
ambiental, y por el otro se expandieron los cultivos clandestinos y la
violencia. A esta precaria situación se sumaron la devastadora sequía de
1997 y los efectos del ciclón Paulina que azotó a la región en ese mismo año.
Ante la explosiva situación la región se militarizó. Se establecieron los
retenes anticonstitucionales, los abusos, los secuestros, la tortura y la
detención arbitraria de personas; como la de tres campesinos de Tlachimala.
El cerco militar a la región tuvo su acontecimiento más trágico con la
matanza de El Charco, el 7 de junio de 1998, denunciada entre otros grupos
no gubernamentales y de la sociedad civil por el Centro de Derechos Humanos
Miguel Agustín Pro Juárez y por la Liga Mexicana de Derechos Humanos,
afiliada a la Federación Internacional de Derechos Humanos con sede en París.
Para los habitantes de la zona la masacre no fue un hecho fortuito ni
aislado, sino un acontecimiento más de una larga serie de agravios que
forman parte de una política discriminadora y de exterminio; agravios que
incluyen la burla al convenio 169 de la OIT, cuando el gobierno se
comprometió internacionalmente a respetar la autonomía de los pueblos
indígenas, y llegan hasta la masacre.
La gravedad de la represión provocó que el pueblo de la costa chica
exigiera el castigo de los responsables y que la demanda de justicia
colocara en segundo orden otras exigencias.
LA ORGANIZACIÓN
Así, durante el Congreso Campesino y de Organizaciones Sociales de los días
29 y 30 de noviembre de 1998, celebrado en Ayutla y cuyos objetivos eran
discutir demandas económicas campesinas (créditos, capitalización de
productos forestales, bodegas para la jamaica, infraestructura hidráulica y
capitalizar la infraestructura agraria), las bases obligaron a poner en el
centro la demanda de justicia y la exigencia de castigo de los militares
responsables de la masacre.
Como consecuencia del taller de reflexión sobre derechos humanos, llevado a
cabo los días 16 y 17 de septiembre de 1999, con la participación del Comité
de Viudas de El Charco, las comunidades Eclesiales de Base, la Organización
Independiente de Pueblos Mixtecos y Tlapanecos (OIPMT) y gente del Partido
de la Revolución Democrática, se formó el Comité Coordinador de Defensa de
los Derechos Humanos de la costa chica del estado de Guerrero, con sede en
el municipio de Ayutla.
Las tareas fundamentales que este Comité se planteó fueron: la
desmilitarización de la región; la formación de una red de derechos humanos;
y la colaboración de la iglesia con las organizaciones no gubernamentales de
derechos humanos.
RECUENTO DE LOS DAÑOS
Además, el Comité denunció que se estaban creando grupos de sicarios en la
comunidad mixteca de La Concordia. A partir de la denuncia se agudizó la
presión a sus integrantes:
En abril de 2000 asesinan a Galdino Sierra Francisco, de la comunidad
Tlapaneca de Barranca de Guadalupe y organizador de la colonia La Unificada,
que había participado en las Comunidades Eclesiales de Base.
El 19 de noviembre de 2000 muere asesinado Severiano Lucas Petra, de
comunidad La Fátima.
En enero de 2001 matan a Donaciano González Lorenzo. El 26 de agosto de ese
mismo año es asesinado con armas largas en el poblado de Tepuente, el
dirigente mixteco de El Charco, Andrés Marcelino Petrona, también miembro
del Comité de Defensa de los Derechos Humanos.
A pesar de las ilusiones que generó la transición democrática con la
llegada de Vicente Fox a la presidencia, la situación en la región sigue
igual y los responsables de la matanza de El Charco, lo mismo que los
asesinatos que le sucedieron siguen impunes.
A la fecha sigue persiguiéndose a los defensores de derechos humanos, cuyas
denuncias no se escuchan alegando que carecen de consistencia. Además se ha
pretendido vincularlos con grupos subversivos y de narcotraficantes.
Es dentro de este ambiente de persecución y represión que ocurre el
asesinato de la abogada Digna Ochoa. En el último año se han sucedido los
asesinatos y las violaciones de los derechos humanos en la región indígena
de Ayutla.
Según un artículo de Maribel Gutiérrez, publicado en El Sur de Acapulco el
1 de abril de 2002, los acontecimientos más relevantes han sido el asesinato
de dirigentes en manos de grupos paramilitares, la violación de mujeres por
soldados y la militarización de las comunidades.
La Organización Independiente de Pueblos Mixtecos Tlapanecos (OIPMT)
denunció los casos de las agresiones cometidas por efectivos del ejército en
Barranca Tecuani y Barranca Bejuco, al igual que la tortura a campesinos en
Roca Colorada el 19 de septiembre de 2001; también demandó que se haga
justicia en el caso de los asesinatos denunciados. La organización sospecha
que los culpables son los grupos paramilitares que han surgido en la región.
LA POLICÍA COMUNITARIA
A estos hechos represivos se agregan las recientes violaciones de soldados
del 41 batallón de infantería del ejército hechas a las indígenas Valentina
Rosendo Cantú, el 16 de febrero 2002 en Barranca del Bejuco, municipio de
Acatepec, e Inés Hernández Ortega, en Barranca Tecuani, municipio de Ayutla,
el 22 de marzo de este mismo año.
Tan sólo unos días después se encontró un cadáver decapitado en la región,
junto al que hallaron notas alusivas a un supuesto ajuste de cuentas entre
grupos subversivos.
Por todo ello la OIPMT denuncia que no se ha indemnizado a las viudas de la
matanza de EL Charco y que las comunidades piden que se reabra la
investigación.
Recientemente trece indígenas de la comunidad de El Camalote fueron
esterilizados mediante manipulaciones y engaños. Este caso se suma al de
diecinueve campesinos mixtecos esterilizados en 1998 y a los que hasta la
fecha no se ha hecho justicia.
Pero la OIPMT también exige que se deje de hostigar a los policías
comunitarios de la región indígena de Ayutla, a los que el ejército no les
permite portar más armas que simples toletes.
Esto a pesar de que la policía comunitaria, reconocida por nuestra propia
Constitución y por el Convenio 169 de la OIT, signado por el gobierno
mexicano, es la única garantía de seguridad en la zona. Las comunidades de
Ayutla quieren seguir el ejemplo de San Luis Acatlán y Malinaltepec donde la
policía comunitaria es la que ha acabado con la delincuencia.
Llamamos a solidarizarnos con los pobladores de esta zona lastimada por la
represión, exigiendo además la libertad inmediata de los presos políticos.