Aunque en los últimos años el ecologismo ha dejado de ser un tema exclusivo
de ciertos grupos especializados para convertirse en un tema de preocupación
social, la contaminación de los acuíferos, del aire, del suelo, del agua,
así como la reducción de la biodiversidad, la deforestación, la
desertificación, el calentamiento global y los cambios climáticos siguen
impactando la salud, el bienestar, la calidad de vida y la economía.
La degradación ambiental ha reducido los medios de subsistencia de los
pobres, particularmente de las mujeres y de forma más específica de las
mujeres indígenas, quienes diariamente enfrentan el desafío de proveer los
elementos necesarios que les permitan a ellas y sus familias sobrevivir como
combustible, agua y alimentos.
De esta forma las primeras en padecer la degradación de la tierra, la
desaparición de árboles y la contaminación de los suministros de agua son
las mujeres.
Para entender la interacción entre mujer y medio ambiente es necesario
conocer los diferentes enfoques y perspectivas que desde mediados de los
años setenta se han desarrollado.
El concepto ecofeminismo lo introdujo a mediados de los setenta la
escritora feminista Francois d'Eaubonne para referirse al interés especial
que presentaban las mujeres por involucrarse en las luchas ambientalistas.
Actualmente el ecofeminismo se refiere a una corriente dentro del movimiento
feminista.
Sin embargo más allá de concepciones teóricas, es importante entender que la
degradación ambiental conlleva un interés económico; actualmente es
inevitable la conexión entre economía y medio ambiente, al tiempo que la
degradación de los ecosistemas es vinculada con los grandes tópicos
socioculturales como la pobreza, la producción de energía, los asentamientos
urbanos, la población, el desarrollo y los derechos humanos.
Cierto que existe un creciente interés político y social de primer orden en
los temas medioambientales pero no es suficiente. La degradación del medio
ambiente es un problema social que requiere una movilización urgente y
plantea la necesidad de cambios sociales para redefinir conceptos, discursos
y prácticas en el plano ideológico, pero sobre todo, en el plano de la acción.
Las razones para el surgimiento de una conciencia ecologista son diversas,
sin embargo, un factor determinante es la cada vez más difundida existencia
de una crisis global que se manifiesta en los problemas más agudos como la
pérdida de la capa de ozono, la deforestación, la desertificación, la
pérdida de la biodiversidad, la contaminación del aire, tierra y agua, y la
producción y manejo de desechos sólidos peligrosos.
Para darnos una idea de la importancia del cuidado de nuestros bosques y
recursos forestales podemos decir que en México las dos terceras partes de
la superficie total del país son zonas forestales, no obstante, ocupamos el
lugar número once con respecto al volumen de recursos forestales en el
ámbito mundial.
Es por ello que la responsabilidad en el cuidado y conservación de los
recursos naturales debe involucrar a todos los grupos sociales de nuestro
país, y es aquí donde debe ponerse de manifiesto que, tanto hombres como
mujeres --al participar como administradores, productores, usuarios y
consumidores de los recursos forestales-- desempeñan un papel determinante.
En la medida en que las mujeres tengan éxito en actividades relacionadas con
la economía y el medio ambiente que las rodea, su participación en la vida
pública tendrá más posibilidades.