Dos jóvenes estudiantes tuvieron que ser asesinadas recientemente en la
Ciudad Universitaria, sede principal de la UNAM, para que tanto la rectoría
como las autoridades judiciales del Distrito Federal, anunciaran medidas de
seguridad para proteger a la comunidad.
Pero ni aún esos hechos violentos obligan a la comunidad universitaria a
enfocarse en un tipo de crímenes que tanto en el campus como en el resto de
la ciudad de México siempre se han cometido: los delitos sexuales contra
mujeres.
A pesar de ser la institución de investigación científica y humanística más
importante del país y posiblemente de América Latina con 45 centros e
institutos dedicados exclusivamente a esas actividades, y un Programa
Universitario de Estudios de Género (PUEG), la UNAM carece de una
sistematización de los casos de violencia sexual en contra de sus
integrantes, que le permita implementar estrategias efectivas para prevenir
esos crímenes.
En mayo de 1990, el problema de la seguridad en CU fue tema recurrente
durante el Congreso Universitario. En los debates se dijo que en la
universidad había "cuatro universitarias violadas al día".
En ese año por primera vez se reconoció y abordó formalmente el
hostigamiento de algunos profesores contra sus alumnas a cambio de
calificaciones, y se habló de las perforaciones en las paredes de los baños
de mujeres desde donde son espiadas por estudiantes y maestros.
EL PAISAJE
Las 730 hectáreas del campus universitario --ubicado al extremo sur de la
delegación Coyoacán -- albergan durante el ciclo escolar a más de 100 mil
estudiantes e integrantes del personal académico-administrativo.
Inaugurada en 1952, CU consta actualmente de 360 edificios y una reserva
ecológica que ocupa una extensión de 1.46 kilómetros cuadrados y carece de
iluminación en amplias zonas solitarias. La cuidan únicamente con dos mil
400 vigilantes sindicalizados.
EL DESINTERES
La violencia sexual contra mujeres de la comunidad universitaria es
conocida por sus integrantes. La gran mayoría de las estudiantes, y
trabajadoras conoce al menos de una historia sobre hostigamiento, acoso o
violación sexual.
Pese a todo, tanto las autoridades universitarias y citadinas demuestran en
los hechos su desinterés por atacar de raíz ese flagelo, prevenirlo y en su
caso atender a las víctimas de manera integral.
De las medidas implementadas por el rector Juan Ramón de la Fuente
--restricción del acceso vehicular nocturno, capacitación de los vigilantes,
mejoramiento de los sistemas de iluminación, entre otras--, ninguna
contempla específicamente la protección a la comunidad universitaria en
contra de delitos sexuales.
Mientras la abogada general de la UNAM, Elvia Arcelia Quintana Adriano, y
el coordinador técnico de la Dirección de Operaciones --instancia encargada
de la seguridad en CU--, Alfredo Fares Curi, se negaron a informar sobre el
número de delitos sexuales cometidos en el campus, la directora del Programa
de Atención Integral a Víctimas y Sobrevivientes de Abuso Sexual (PAIVSAS),
Ruth González Serratos, advierte que ningún órgano universitario ha medido
la incidencia de esos crímenes en la UNAM.
González Serratos, siquiatra e investigadora con 30 años de laborar en esa
institución, subraya que aunque existe "una gran cifra negra" sobre delitos
sexuales cometidos en CU, ninguna instancia de la máxima casa de estudios ha
realizado un trabajo estadístico al respecto. "Es una labor pendiente que
nuestro programa --con sede en la Facultad de Sicología-- realizará
próximamente."
En tanto, instancias del gobierno capitalino como la fiscalía especializada
en Delitos Sexuales, encabezada por Dulce María Villada, y el agente del
Ministerio Público número 22 en la delegación Coyoacán, Jorge Roldán,
desconocen la incidencia de crímenes sexuales en el campus.
Contrariamente, el director de Seguridad Pública en Coyoacán, Jesús
Escamilla, comenta: "El delito que más se comete en CU es el robo de
vehículos, creo que no hay mucha incidencia de crímenes sexuales. Si se
denuncian deben estar registrados en las agencias especializadas, pero no
quiero declarar irresponsablemente al respecto porque carezco de elementos
suficientes".
LA COMUNIDAD
La defensora adjunta de la defensoría de los Derechos Universitarios,
Griselda Amuchátegui, sostiene que la instancia a la que pertenece atiende
quejas "por incumplimientos de tipo académico" por lo que las denuncias de
delitos sexuales "no son de su competencia".
No obstante, añade que las denuncias por hostigamiento sexual "las
canalizamos a las agencias especializadas del Ministerio Público". Afirma
que la Defensoría de Derechos Universitarios recibe al año "dos o tres
denuncias de ese tipo, que finalmente no se investigan porque las víctimas
no comprueban los hechos".
Aunado a lo anterior, la ex secretaria de Acción para la Mujer del
Sindicato de Trabajadores de la UNAM (STUNAM) Columba Quintero, manifestó en
entrevista que el diálogo entre su organización y rectoría para acordar
nuevas medidas de seguridad en el campus no contempla el tema de prevención
y castigo de delitos sexuales.
Mujeres estudiantes, sindicalistas y académicas relatan historias de
violencia sexual en CU, pero advierten que de ninguna manera representan la
cotidianidad de la vida universitaria. Por el contrario, lamentaron que
algunos hechos aislados se utilicen para satanizar a la UNAM.
Sobre el hostigamiento sexual de algunos profesores y trabajadores contra
mujeres de la comunidad, la economista e investigadora del PUEG, Jennifer
Cooper asegura:
"La situación que prevalece en la UNAM hoy en día es que una gran gama de
casos de hostigamiento que son serios y envenenan nuestro ambiente
laboral-académico, no son atendidos ni resueltos por la falta de canales
adecuados para denunciarlos."
Cabe recordar que los estatutos del STUNAM y su contrato colectivo
establecen desde la suspensión de los derechos sindicales de tres a seis
meses, hasta el despido de aquellos trabajadores que incurran en actos de
violación y hostigamiento sexual, además de las correspondientes sanciones
penales.
LAS SOLUCIONES
Al lado de la indiferencia de las autoridades universitarias y judiciales
de la capital para prevenir eficazmente los crímenes sexuales en CU, y "la
gran preocupación" de la rectoría para evitar hechos violentos en el campus,
hay propuestas de los sectores universitarios para tratar de hacer de la
UNAM un lugar más seguro.
Sólo un folleto producido por las autoridades universitarias circula en el
campus. En él, recomiendan no hablar con extraños, no caminar por zonas
alejadas y oscuras, y no acercarse a grupos de personas "que estén alterando
el orden", entre otras medidas.
Por el sector académico, la investigadora Jennifer Cooper propone una
política interna para investigar y resolver los casos de hostigamiento
sexual, y para ello, contar con una instancia operativa conformada por
autoridades, académicos y sindicalistas.
La Coordinación General de Investigación de la UNAM prepara en conjunto con
el PAIVSAS, el arranque de un centro más amplio de atención a víctimas de
delitos sexuales, el cual tendría mayores recursos humanos y económicos.
En tanto, Estrella Soriano estudiante de ciencias de la comunicación e
integrante del colectivo Conciencia y Libertad, apunta: "En la medida en que
construyamos lazos solidarios entre los sectores de la comunidad, todas y
todos nos sentiremos más protegidos. No necesitamos policías en nuestra
universidad. Lo que requerimos son cambios culturales que fomenten la ayuda
entre la misma banda".