La crítica, que va de moderada a
ríspida,
continuó hoy por parte de los organismos no gubernamentales (ONG) en
contra
del Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI),
Naciones
Unidas (ONU) y el Consenso de Monterrey.
Mientras, los representantes de las multilaterales se esforzaron por
mostrar
al auditorio una cara amable con argumentos como "reconocemos los
errores
del pasado", "estamos cambiando" y "con el diálogo y la confianza mutua
entre todos mejoraremos las cosas".
El debate en la Mesa 1 "Movilización de recursos nacionales, ajuste
estructural", se caracterizó por el discurso crítico de las ONG, aunque
sin
muchas propuestas de fondo, y una actitud defensiva de los delegados de
las
instancias de crédito y de la ONU.
Los más enjundiosos fueron la colombiana Cecilia López de Iniciativa
Cartagena, y el argentino Jorge Carpio de Casa Saprin. La primera
criticó
las contradicciones del Consenso de Monterrey en el sentido de que las
multilaterales imponen a los países en desarrollo condiciones que se
convierten en fines para que aquéllos puedan acceder a los créditos.
"Las condiciones de gobernabilidad y erradicación de la corrupción se
convierten en objetivos que nuestros países no pueden resolver de
inmediato.
Si así fuera seríamos naciones de Primer Mundo".
Jorge Carpio señaló que los adjetivos que utilizan el FMI y el BM para
calificar a los países por su "buen gobierno, transparente, eficiente y
con
alta productividad" oculta un problema de poder.
"¿Ser transparentes y eficientes para quién o para qué? En Argentina
con la
reciente crisis financiera los ricos sacaron su dinero y los pobres
fueron
expropiados. Mi país fue altamente eficiente y muy productivo para
expropiar
a los sectores de la población menos favorecidos en beneficio de otros
que
tienen recursos.", enfatizó Carpio.
En su defensa, el representante del BM Amar Bhattacharya --quien de
entrada
alabó la "oportunidad de dialogar y discutir con la sociedad civil"--
advirtió que "los consejos" de las multilaterales han generado
progresos
reales como la reducción a la mitad de la pobreza en los últimos 40
años.
Dijo que "una de las bellezas del Consenso de Monterrey" es que, pese a
sus
propios conflictos, es producto de un proceso abierto y transparente en
el
que todos los gobiernos hacen escuchar su voz, pero ninguno de manera
desproporcionada.
"Muchas cosas no se van a resolver en la Cumbre de Naciones Unidas,
pero el
BM está dispuesto a participar en el diálogo con los organismos civiles
para
realizar los cambios necesarios a las medidas económicas, pero con
espíritu
de negociación y conciliación", remarcó.