El 16 de febrero pasado, la tlapaneca Valentina
Rosendo Cantú lavaba ropa en un arroyo a 200 metros de su casa en Barranca
Bejuco, un caserío en la montaña de Guerrero. Un piquete de militares con un
detenido, la sorprendió por atrás. "¿En dónde están los
encapuchados?", le
gritaban. La golpearon, se desmayó unos minutos. Luego, dos soldados la
violaron mientras otros seis miraban.
La indignación por lo ocurrido a la joven de 17 años, junto con el temor de
ser señalados como guerrilleros, animó a la comunidad de Barranca Bejuco
para salir de la Montaña y poner una queja contra militares del Ejército
Mexicano ante la cuarta visitaduría general de la Comisión Nacional de
Derechos Humanos (CNDH).
La queja firmada en Ayutla de los Libres, Guerrero, del 26 de febrero del
2002 consigna que "Valentina Rosendo Cantú, es indígena de nuestra
comunidad
Tlapaneca (Me'paa) llamada Barranca Bejuco, del municipio de Acatepec,
estado de Guerrero, tiene 17 años de edad, está casada con Fidel Bernardino
Sierra y tienen un niño de tres meses de edad y nunca ha tenido ningún
problema con ningún vecino y menos con una autoridad".
En una zona aislada por una geografía montañosa y falta de caminos, donde
durante más dos décadas de militarización y guerra sucia, las mujeres
indígenas son blanco constante de las fuerzas armadas, de acuerdo con un
análisis del Centro de Derechos Humanos de la Montaña "Tlachinollan".
Allí, en los municipios más marginados del país, habitan 255 mil indígenas
nahuas, mixtecos, tlapanecos --85 por ciento del total de la población.
"Tlachinollan" documentó nueve violaciones sexuales a mujeres entre
junio de
1999 y mayo del 2000, por lo menos cuatro de ellas vinculando a fuerzas
militares, policiacas o paramilitares. Cada uno de estos casos, permanece
impune.
A Valentina, la interrogaron sobre los "encapuchados", es decir,
presuntos
guerilleros del Ejército Popular Revolucionario (EPR) o del Ejército
Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).
A diferencia de otras indígenas, tras la agresión contó con el apoyo
comunitario, quienes buscaron a la Organización Independiente de Pueblos
Mixtecos Tlapanecos "Hilario Ramírez Morales", a la que pertenecen y
la cual
llevó el caso ante la CNDH y el diario El Sur en Acapulco.
Aunque todavía no hay curso legal para este caso, se corre el riesgo de que
se juzgue en el fuero militar, como acontece en la mayoría de los casos
donde se denuncian agresiones sexuales por efectivos del Ejército Mexicano.
El caso más conocido es el de las tres hermanas tzeltales, quienes el 8 de
junio de 1994, fueron detenidas ilegalmente por miembros del Ejército
Mexicano en un retén militar en el municipio de Altamirano, Chiapas.
Intentaron hacer que confesarán una filiación zapatista y posteriormente la
violaron.
El próximo 7 de marzo se llevará una audiencia sobre el caso de las hermanas
Santiz ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde el
gobierno mexicano tendrá que rendir cuentas por el incumplimiento de las
recomendaciones del organismo internacional.