La principal causa de muerte en el mundo es el tabaquismo. En California
existe un mensaje radiofónico en el que una voz seductora de mujer --que
representa al humo de un cigarrillo--invita a las y los fumadores a no
separarse jamás del vicio del tabaco.
Esa misma voz afirma que destruirá el hogar de los radioescuchas, hará daño
a sus hijos, a sus padres, se apoderará de su voluntad y finalmente los matará.
Confieso que me estremecí al oír la sentencia del anuncio, es claro, eficaz
y contundente tanto en su lenguaje como en el contenido, dura más de tres
minutos y una y otra vez la atractiva voz no perdona amenaza alguna.
"Me meteré en tu vida, me necesitarás desde el primer beso hasta el día de
tu muerte", dice la asesina, "nunca perdono a mis seguidores, mi
función es
destruirlos, arruinaré tu calidad de vida y contagiaré a tus seres más
queridos, soy voraz e implacable, soy el humo que disfrutas mientras te
mato".
Lo cierto es que el tabaquismo es un mal aterrador. Todo aquel que fuma
alguna vez se ve en la necesidad de renegar de su vicio. Sobre todo cuando
enferma y debe permanecer en el hospital pues todo se le complicó por falta
de oxígeno. Algo relativamente simple se transforma en un caso grave por el
tabaco. Unos pulmones llenos de cochambre no se inflan, no sirven para
enviar aire vital a todo el cuerpo y dificultan la recuperación del paciente.
No basta decir que el cigarro es causa del cáncer, que puede ser mortal, que
es dañino para la salud. Se precisan campañas más rigurosas y eficientes
para prevenir que nuevos o regenerados fumadores caigan en el error de
contaminarse, y perjudicar a quienes les rodean.
Es delicioso fumar o puede serlo, pero es mejor vivir y respirar con toda la
capacidad de nuestro organismo. Debemos elegir entre la vida o la muerte.
Por fortuna empieza a ser mal visto el fumador en nuestro país.
Esperemos
que con el tiempo crezca el repudio y la critica de la sociedad para que en
más lugares se prohíba fumar. Requerimos disposiciones legales más rígidas
que nos protejan y defiendan de los asesinos intelectuales (los fumadores) y
del gatillero mercenario, el cigarro.