A comienzos del siglo XXI la maternidad en México
vive una redefinición y proceso de desmitificación ante la cada vez más
creciente inserción de las mujeres en la economía y la política, el control
natal y la reproducción asistida, entre otros factores.
Diversas especialistas reiteran que la maternidad es una concepto social que
varía según los tiempos, por lo que valores como "el amor materno" no
son
naturales sino imposiciones culturales, sociales, religiosas e incluso
económicas.
Próximo a celebrarse el tradicional día de la madre, las investigadoras
consultadas reflexionan sobre dos casos que pusieron en entredicho los
valores maternos.
LA MADRE QUE NO PODIA SER
El pasado 27 de diciembre Maribel Sánchez Bello raptó a la recién nacida
Aixchell Camila en un hospital del Distrito Federal. A un par de días de
cumplir un mes, el 25 de enero, la niña fue entregada a las autoridades por
los familiares de la secuestradora.
En espera de que la secuestradora sea sentenciada (en cuyo caso alcanzaría
una pena de hasta once años de prisión) y en vísperas de un próximo careo en
el juzgado 20 del Reclusorio Oriente, la madre de la pequeña, Verónica
Flores, expresa el sentir de una progenitora a la que por casi 30 días "le
arrebataron parte de su vida".
"Estar sin mi hija durante todo ese tiempo y vivir con la incertidumbre era
para mí una agonía. Ser madre es lo más bello y maravilloso que me puede
pasar como mujer."
Licenciada en sicología educativa por la Universidad Pedagógica Nacional,
Verónica Flores no se considera una madre "totalmente abnegada", y
asume que
la maternidad no limita su desarrollo personal ni profesional.
"Al contrario, me impulsa a plantearme mayores metas. Basadas en la
educación que recibimos, de nosotras depende decidir qué roles vamos a jugar
en la vida: los que nos hagan sentir bien o los que nos impongan la sociedad
y la familia."
Del otro lado, en su primera declaración, Maribel Sánchez confesó que había
robado a la pequeña Aixchell para hacerla pasar por su hija y extorsionar a
su marido que trabaja en Estados Unidos.
Los familiares de Maribel informaron que hacía varios años que ella actuaba
"de manera extraña", pues se colocaba prendas de vestir sobre el
vientre y
anunciaba que estaba embarazada. Incluso llegó a decir que había sufrido un
aborto.
"El caso de Maribel demuestra cómo las mujeres utilizan el mito de la
maternidad como un señuelo para atrapar a los hombres y así recibir
beneficios económicos o evitar la soledad y las críticas por no ser 'una
mujer realizada'", explica la socióloga y especialista en el tema de la
maternidad, Yanina Ávila.
EL FILICIDIO
El 8 de agosto de 1982 Elvira Luz Cruz, de 26 años de edad y habitante de un
suburbio capitalino, tuvo una de sus riñas habituales con su marido machista
y golpeador. Poco después, y en circunstancias que no fueron del todo
esclarecidas, sus cuatro hijos (de entre dos meses y seis años de edad)
aparecieron estrangulados.
El presunto filicidio conmocionó a la sociedad mexicana de aquel entonces.
Organizaciones de mujeres se solidarizaron con Luz -- condenada a 23 años de
prisión-- al considerarla "víctima de un sistema social que no ofrece la
infraestructura adecuada para que las mujeres, sobre todo las pobres,
ejerzan una maternidad humana y digna".
Al respecto la también antropóloga social por la ENAH Yanina Ávila sostiene
que Luz se vio acorralada por las actitudes violentas de su marido, su
suegra y sus cuñadas. "Esta mujer cayó en la paradoja de matar a sus hijos
para protegerlos de una familia enferma. El caso demuestra que el amor
materno no es natural, como afirma la cultura judeo cristiana."
En otras culturas, enfatiza, no se cuida de la misma manera a las y los
niños. Alguna vez hubo "sociedades que practicaban el filicidio como una
medida de protección: se abandonaba a los hijos en momentos de escasez de
víveres para permitir la subsistencia de la comunidad en su conjunto".
MATERNIDAD Y MATERNAJE
La antropóloga Marta Lamas, autora de diversos ensayos sobre el tema,
explica que la maternidad se refiere a "la capacidad específicamente
femenina para gestar y parir"; mientras que el maternaje es la práctica
aprendida para "la crianza, el cuidado y la responsabilidad de los hijos e
hijas".
Para ella ambos ejercicios son la base del sistema de la división sexual del
trabajo, "con toda la opresión y discriminación resultantes".
Por otro lado, la sicóloga argentina Ester Martínez plantea que el arquetipo
social de género femenino en la cultura occidental es el ideal maternal, lo
que fundamenta su responsabilidad en la esfera doméstica.
"Las mujeres como esposas y madres contribuyen a la reproducción física y
sicológica de los trabajadores masculinos, a la vez que maternizan a las
hijas las cuales, cuando crezcan, ejercerán a su vez la maternidad."
EL MITO MATERNO
Yanina Ávila, también colaboradora del Programa Universitario de Estudios de
Género en la UNAM, asegura que la asociación actual entre maternidad y
maternaje no es natural, sino que es una concepción cultural que deviene en
el mito de que las mujeres "somos las únicas responsables de criar a
nuestros hijos".
Estudiosa de las representaciones de la maternidad, la antropóloga resalta
que en la sociedad mexicana hay una "obsesión por la madre que se refleja
hasta en el lenguaje".
"El consumo cultural de las telenovelas, incluso de aquellas que se
autoproclamaron innovadoras (como sucedió con Mirada de mujer), refuerza
entre las mexicanas y el resto de la población el mito del amor materno."
Para la sicoanalista Laura Ruth Lozano, estudiosa del significado de la
paternidad y la maternidad entre la juventud, considera que actualmente un
importante sector de las mexicanas ya no asume la maternidad de un modo
tradicional, ya no tiene ese espíritu de abnegación y sumisión ante los
hijos y la pareja.
"Se ha desmitificado el concepto de amor maternal. Luego de su inserción al
campo laboral y de su mayor capacidad para decidir sobre tener o no hijos
--que se vincula al aumento del uso de anticonceptivos--, las mexicanas no
consideran determinante para sus vidas ser madres; como tampoco tienen
sentimientos de culpa por no serlo."
No obstante, aclara que de sus investigaciones se desprende que la mayoría
de jovencitas mantiene aún a la maternidad como una aspiración fundamental,
aunque esto no signifique que deseen casarse o tener una pareja.
Según datos del INEGI de 1997, el 90.9 por ciento de las mujeres jóvenes
entre 15 y 29 años que no tenían hijos deseaba tenerlos en el futuro,
mientras que el 44.4 por ciento de la población femenina en edad fértil
usaba anticonceptivos para regular su fecundidad.
También, en ese año el promedio de hijos nacidos vivos de las mujeres de
entre 25 y 29 años de edad alcanzaba 1.7 por ciento, en tanto las de las
jóvenes de 20 a 24 años de edad el promedio era apenas de 0.8 por ciento.
LA MATERNIDAD QUE VIENE
Mientras la maternidad como institución está en proceso de redefinición, en
la ciencia ocurren vertiginosas transformaciones que plantean nuevas formas
de ser madre.
Por ejemplo, la reproducción asistida ya es una realidad en los países
avanzados en donde la venta de óvulos, los bancos de esperma y el alquiler
de úteros son práctica cotidiana que les permiten a muchas mujeres cumplir
su deseo materno sin necesidad de tener una pareja.
A decir de la socióloga Yanina Ávila, una de las tareas pendientes para
alcanzar la equidad entre los géneros y hacer de la maternidad un ejercicio
sin imposiciones es que las mujeres se ganen el derecho pleno a decidir
sobre sus cuerpos.
Por su parte, para la también profesora de sicología en la FES Iztacala,
Laura Ruth Lozano, los movimientos por los derechos de las mujeres tienen el
reto de seguir cuestionando las instituciones patriarcales establecidas
--como la maternidad-- a fin de encontrar nuevas respuestas en la era de la
globalización.
"La lucha de las mujeres por la equidad de género en todos los ámbitos de
la
vida social, económica, cultural y política ha tenido resultados positivos.
La crítica y el cuestionamiento a los modelos impuestos deberá ser la pauta
para alcanzar nuevas conquistas", concluyó.