Primera vez que la Suprema Corte de Justicia califica de inconstitucional una iniciativa del Ejecutivo. Primera vez que se pide el desafuero legislativo de dos líderes petroleros. Primera vez que el Supremo Tribunal Militar en Consejo de Guerra sentencia por delitos de narcotráfico y asociación delictuosa a dos generales, además de que tendrán que enfrentar otro juicio (sin precedentes en nuestro país) por la muerte de 143 guerrilleros durante la llamada guerra sucia.
Los generales Quirós Hermosillo y Acosta Chaparro llevan dos años presos y, por lo pronto, otra demora los dejará sin conocer la sentencia del tribunal. Primera vez que un juez federal exige como garantía para permanecer en libertad la cuantiosa suma de cuatro mil 600 millones de pesos por robar al fisco y dejar de pagar 170 millones de pesos en 1993; la cifra de la fianza es con recargos y multas.
Sí, el martes 15 de octubre el exbanquero (por llamarlo de forma decente) será encarcelado en el reclusorio norte en caso de no conseguir, con sus amigos y parientes, la garantía. Pero, bueno, gente como él consigue con facilidad ésa y otras sumas aún mayores; sobre todo teniendo la certeza de que, sin importar el resultado, todo el monto será devuelto por ordenanza de ley.
También es una novedad que el gobernador Grey Davis de Texas arremeta contra los mexicanos en trámite de ser reconocidos y vete la iniciativa de licencia de conducir, aprobada por el Congreso (fue la única que no firmó el 30 de septiembre, a pesar de que Fox se lo había pedido personalmente; ¿tendrá que ver con el desaire de la visita?).
Todos estos sucesos nos motivan a creer en el cambio, aun sin reforma del Estado; pero también no podemos dejar de desconfiar. En los restaurantes, en reuniones, en distintas actividades e incluso en nuestras casas la interrogante es la misma: ¿lo irán a hacer?, ¿van en serio? ¿de verdad los meterán a la cárcel?, ¿les harán que paguen lo que deben?, ¿se hará justicia?
Es lo malo de ser primerizos, por eso la incredulidad natural del que desconoce un tema; ¿esto es el cambio? Caramba, dirían nuestros mayores, parece gemelo del otro, del no-cambio.
No, sí hay avances, sí hay más trasparencia, sí hay más libertad de expresión. Pero el cambio de fondo, el que nos haga pensar en un viraje de 180 grados, por fuerza tiene que llegar de manera espectacular pues de hacerlo paulatinamente nadie lo va a notar; ni mucho menos a creer ni a sentir. Es más, corremos el riesgo, muy grave, de perder la esperanza (que es ya de las pocas cosas que nos quedan). ¿Pobres entre los pobres y sin esperanza?
Cabe suponer que todas esas primeras veces de las que hablamos no se queden en el ridículo del simulacro, en la buena intención de un gobierno que mejor no le entra a fondo porque lo que descubrió es un fango que todo lo cubre.
Todavía podemos suponer que esas primeras veces serán el despertar del sentido del honor, de la conciencia civil, de la lealtad a la verdad, del repudio inamovible a la corrupción, a los delincuentes (aunque sean más ricos que el país), a los asesinos, a los opresores, a los que se burlan de las reglas y gobiernan a su antojo.
En pocas palabras, esas primeras veces pueden ser el repudio tajante a todo lo que se hizo y se hace mal desde la llegada del PRI hasta el tan esperado cambio.