Treinta y tres años después
de que se publicara en el Diario Oficial de la Federación
el acuerdo para que los concesionarios de estaciones comerciales
de radio y televisión pagaran el 12.5 por ciento del tiempo
diario de trasmisión de cada estación, el 10 de octubre de
este año el Ejecutivo federal anunció la promulgación de un
nuevo reglamento de la Ley federal de radio y televisión en
materia de concesiones, permisos y contenido de las trasmisiones.
El Código fiscal de la federación le permite
al Ejecutivo determinar las medidas relacionadas con la
administración, el control, la forma de pago y los procedimientos
señalados en las leyes fiscales a fin de facilitar el cumplimiento
de las obligaciones de los contribuyentes.
Sin embargo, esta acción rebasó a quienes
durante año y medio debatieron en una mesa de discusiones
sobre la nueva normatividad en radio y televisión, convocados
por la Secretaría de Gobernación, dejando en entredicho
el procedimiento de discusión pública.
Analizar la legislación sobre medios y conseguir
consensos para su reforma no es asunto de un día: la transparencia
y legitimidad que este gobierno ha promulgado no fue la
característica de esta acción, que ha ocasionado una gran
inconformidad por la forma de efectuarla.
Por un lado incluye temas que le interesan
a la sociedad, como la revisión de los horarios de trasmisión
para los programas no aptos a menores o el avance que logran
al hacer pública cierta información mediante la creación
de un registro público, además de reducir la discrecionalidad
de la autoridad administrativa en materia de permisos y
concesiones, entre otros aspectos.
Asimismo se ordena la creación de un Consejo
Nacional de la Radio y la Televisión para cuya operación
deberá expedirse un manual de organización en 60 días; aunque
el anterior Consejo nunca funcionó. También se vislumbra
un insipiente derecho de réplica, que ya existe en veintidós
países. Con la promulgación de este nuevo reglamento, el
Ejecutivo sustituye el gravamen de 12.5 por ciento por 35
minutos diarios, en el caso de la radio, y 18 minutos, en
el de la televisión; entre las seis y las 24 horas.
Si bien hay aspectos positivos en esta disposición
legal, como darle la certidumbre jurídica a la industria
de las comunicaciones generadora de empleos, siempre comprometida
con la sociedad y con México.
Igualmente se establecen nuevas condiciones
para que la industria cumpla con sus obligaciones tributarias
y los mensajes del Estado lleguen a mayores audiencias y
tengan el impacto necesario; no obstante el Congreso es
el que tendrá que avocarse a legislar independientemente
de este reglamento para incluir los aspectos que han quedado
insipientes.
¿Cuándo volverán a confiar los partidos
políticos, las y los académicos, las asociaciones civiles
y las y los expertos en una mesa de diálogo con la Secretaría
de Gobernación, que es la responsable de la política interior
y de generar consensos?
Este es el proceso de transición que estamos
viviendo, que pondera en el discurso la democracia y que,
la práctica, las decisiones las toman unos cuantos.
Pero todavía nos quedan otras interrogantes:
¿qué hay detrás de esta negociación y que hay por delante?
Si el gobernador de Zacatecas, Ricardo Monreal, se adelanta
a decir que estos tiempos fiscales deben distribuirse equitativamente
entre las treinta y dos entidades de la república es porque
el Ejecutivo Federal preve un uso inequitativo.
Sacarse de la manga un decreto que viola
el proceso de consulta en la materia debilita su propio
poder. En este caso lo que más se incomoda es la manera
de gobernar, manera que afecta la confianza en los diálogos
y acuerdos políticos para todos los temas de la agenda política
y por ende la legislativa.
Lucero
Saldaña es senadora. Correo electrónico: lsaldana.spri@senado.gob.mx