¿Podrían imaginar vivir con una bala alojada en el cuello, y así recorrer varios kilómetros a pie para atender a quien lo necesite? Eso fue lo que hizo Refugio Esteves Reyes, quien combatió y ayudó a los soldados heridos durante la Revolución Mexicana.
Refugio fue la primera enfermera que adiestró a un grupo de mujeres revolucionarias como cuadrilla de primeros auxilios para atender a los heridos en el campo de batalla, en donde en algunas ocasiones trabajó, durante el día y la noche sin descanso para prestar socorro a quien lo requiriera.
Su labor humanitaria la llevó a prestar sus servicios como enfermera en los hospitales de los estados de Guadalajara, Querétaro y Guanajuato.
En 1914, las fuerzas carrancistas sacaron a Refugio Esteves del hospital donde trabajaba y la llevaron al campo de batalla para que les atendiera. Fue entonces cuando se le bautizó con el nombre de la Madre Cuca, a raíz de la atención prestada a un soldado que tenía una amplia herida en la boca que le impedía comer. Ella con su inventiva desarrolló una forma de alimentarle basada en papillas casi líquidas, lo que impidió que el soldado muriera de inanición.
De ahí en adelante, las fuerzas revolucionarias también habrían de llamarla Madre Cuca.
Refugio Esteves Reyes tenía a su cargo el carro hospital de cirugía, y era una mujer valiente que no se amedrentaba con el fragor de la batalla, de tal suerte que el 4 de junio de 1915 recibió un balazo en el lado izquierdo del cuello, el cual no le produjo más que una ligera conmoción, sin tocarle ningún órgano vital.
La Madre Cuca vivió desde entonces con una bala alojada en la cuarta vértebra del cuello que le impedía un poco mirar por encima de su hombro, pero que no logró hacer que desistiera de su empresa humanitaria.
Tras año y medio en el campo de batalla en los que recorrió más de 10 mil kilómetros en tren atendiendo a los combatientes, se le encargó trasladarse a la ciudad de México con el fin de organizar los servicios de enfermería del hospital militar, labor que realizó con sobresaliente desempeño al ser la primera enfermera militar de nuestro país.
Refugio Esteves no poseía conocimientos académicos en la rama de la enfermería. La mayor parte de ellos habían sido ganados en la práctica usando su sentido común. Después del triunfo de la Revolución, a la edad de 57, años ingresó al curso de enfermeras que impartía el médico cirujano Donato Moreno Muro, en donde Refugio obtuvo las más altas calificaciones y logró obtener su grado de enfermera a la edad de 59 años, así como inscribir su titulo en el registro público de profesiones, en 1940. Entonces fue nombrada teniente coronel.
De su origen poco se sabe. Tan sólo se rescata que nació en 1881 y quedó viuda a los 25 años, y para mantener a sus hijos se trasladó a Guadalajara, donde se empleó como costurera en un hospital. Ahí fue invitada a trabajar por un general del que no se sabe el nombre en el hospital que atendía a los primeros heridos de la Revolución, y comenzó su carrera como enfermera sin siquiera saber cómo aplicar una ampolleta.
Pese a ello, Refugio conquistó no sólo los grados académicos y militares que le reconocieron su labor como enfermera, de tal suerte que el Congreso de la Unión le otorgó una medalla de honor por sus grandes méritos, así como una pensión vitalicia mínima la cual le sostuvo hasta su muerte ocurrida en 1956.
Aunque la historia oficial le ha negado la existencia al no citarla como protagonista, Refugio Esteves Reyes continúa viviendo en las manos y los afanes de las enfermeras militares.