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martes 21 de enero de 2003
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OPINIÓN
Quiénes piden la guerra

"Mujeres, en nuestras entrañas ha florecido la vida, no permitamos que los guerreristas nos la arrebaten. Los hijos de quienes mandan a la guerra, son nuestros hijos, nuestros hermanos. Digamos NO a la guerra".


Fabiola Calvo | cimac

Estados Unidos solicita ayuda a la alianza atlántica OTAN ante la posibilidad de guerra contra Irak, pero frente a la actitud guerrerista de George Bush sobra el término “posibilidad”, ya que si la comisión de inspectores de la ONU informa que no ha encontrado armas de destrucción masiva en el país árabe, el gobierno estadounidense dirá que las tiene escondidas El resultado dará igual.

No comprendo para qué tanta falsedad, tanta hipocresía y tanta sutileza cuando ya el mundo sabe que detrás de esta guerra está el petróleo y para el cumplimiento de tal objetivo es preciso inventar guerras, buscar enemigos y cambiarlos cuando haga falta, o aprovechar una coyuntura, no importa cuál sea el precio para el mundo.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos lanzó una lucha contra el terrorismo en el ámbito mundial, y ¿qué medidas se han tomado contra el comercio ilícito de armas? ¿quiénes se están beneficiando?

El Fiscal de la Fiscalía Anticorrupción de España, Carlos Castresana, escribe en un artículo publicado en el diario El País, que “cabe preguntarse a fuerza de resultar ingenuo, por qué el tráfico ilícito de armas, generador no sólo de peligros para la salud individual y colectiva, sino directamente determinante de la muerte de miles de personas cada año en todo el mundo, en conflictos armados o en atentados terroristas, no es considerado un crimen internacional universalmente perseguible, sino ni siquiera delito.

Cuántos y cuáles son los intereses que subyacen a ese comercio letal para que no se regule y sus transacciones ilícitas se persigan”.

Según Castresana, Estados Unidos es el principal exportador de armas del mundo y controla el 50 por ciento de ese mercado, me pregunto ¿a quién interesa tanta guerra? ¿se trata de salvarnos? ¿de salvar la democracia?

¿Qué pasa con el resto de los gobiernos? Estamos en un mundo unipolar, pero no podemos esperar que caigan las bombas cuando aún Europa no se sobrepone a las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Las ciudadanas y los ciudadanos podemos hacer exigencias a nuestros gobiernos, tenemos mucho qué hacer y qué decir.

Es cierto que se escuchan voces antibélicas pero suenan tan débiles que apenas se aprecian, en cambio otras se suman y claman por más armas, más intervenciones. En medio de ese coro, el presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, clama por un despliegue militar de Estados Unidos en Colombia y sin ruborizarse dice que “hay un terrorismo aquí con una capacidad de hacer un daño inmenso, un terrorismo muy rico, como todo terrorismo, sin límites.

El sicoanalista de la Universidad de Antioquia, Colombia, Héctor Gallo, deja en evidencia estas conductas desde su disciplina de estudio: “La ley del neurótico, es decir todo hombre articulado al orden significante de la ciudad, independiente del tipo de masa a la cual se articule para transgredirla o conservarla, es una ley que en el sentido lacaniano del término puede ser ‘tradicional o escrita, de costumbre o de derecho’”.

Lo singular de esta ley es que ella misma contiene en su seno los grados de trasgresión que definen una pasión criminal, que ha de expresarse en formas muy diversas y aprovechando los medios que le sean favorables.

La guerra será un escenario privilegiado para que dicha pasión silenciosa se ponga en acto sin tener en cuenta el tribunal de la razón; la paz, un anhelo inscrito en un ideal elevado que desfila por las calles de nuestras ciudades; y la vida, un horizonte que resiste como contrapartida que no quiere morir”.

FC/MEL







       
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