Y Francia, cuna de los derechos humanos,
junto con Alemania, toma el liderazgo en el rechazo a la
“guerra”, actitud que es loable pero mientras mira el tejado
de su viejo aliado de ultramar, en el patio de su casa empieza
a ponerse un orden que estremece porque no deja de recordarnos
a la Alemania nazi.
Nicolás Sarkozy, ministro francés del Interior,
anunció grandes medidas para el 2003 en su lucha contra
la delincuencia, así que las prostitutas, clasificadas por
lo visto en esta categoría, pasarán dos meses en la cárcel
si son vistas en zona pública.
Como parte de su “política preventiva”,
400 mil personas serán sometidas a fichaje de huellas genéticas,
instrumento que estaba reservado a personas condenadas por
homicidio voluntario, violación o actos terroristas, por
lo que el número ascendía a dos mil 100.
En cuanto a los inmigrantes, tan criminalizados
por diferentes gobiernos europeos, podrán quedarse en territorio
francés una vez cumplan su condena, gracias a la protesta
de organizaciones que consideraban que su expulsión sería
como pagarla doble.
Sin embargo, los lamentos, las críticas
y los discursos de la mayoría de asistentes al gran foro
de Davos, van encaminados contra la política belicista de
Estados Unidos, lo que se denomina incorrectamente antiamericanismo
(¿acaso no son México o Perú americanos?).
Muy bien, lo necesitamos, pero es que a
los grandes se les olvida que las actitudes guerreristas
han crecido producto de un alejamiento de la democracia
basada en los tres poderes al interior de sus sociedades,
un olvido de los acuerdos internacionales que ellos mismos
firmaron y una profundización de las desigualdades económicas
entre países y sectores sociales.
Necesitan masas que consuman y no cuestionen
(lo que se confunde con la democracia), un pensamiento único,
un solo partido aunque de cara a la prensa y a los crédulos
aparezcan dos, y será suficiente para someter, digo gobernar,
un país, y porque no, al mundo.
El Foro Social Mundial de Porto Alegre no
deja de ser una muestra de descontento, una tenue luz y
un deseo de cambio reforzado con la presencia de Luiz Inázio
Lula da Silva, pero no nos digamos mentiras, la debilidad
del movimiento antiglobalización es cada vez mayor.
Y muestra de su agotamiento es el avance
de la derecha en el mundo y la pérdida de derechos. Nos
queda la tarea de encontrar, caminar, construir, cohesionar
o inventar o continuar.
FC/MEL/RGR