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viernes 18 de julio de 2003
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Las filtraciones de la fiscal del caso Digna Ochoa
Varios casos polémicos en la carrera de Margarita Guerra

Miriam Ruiz cimac | México, DF

Cuando el martes pasado Margarita Guerra y Tejada, fiscal especial para el caso Digna Ochoa, se reunió con una docena de periodistas para adelantarles que el fallo sobre el caso sería el suicidio, sabía y así lo externó, que iba a quedar mal y a ser acusada de fabricar pruebas. Pero su historia revela que nunca le ha importado quedar bien por las polémicas causas que ha defendido.

En esa reunión, Guerra informó a la prensa nacional que el viernes 18 de julio, hoy, haría el anuncio oficial en rueda de prensa, misma que fue cancelada ayer jueves a última hora y postergada hasta mañana sábado a mediodía.

Designada como fiscal especial en agosto del 2002, la abogada nació en el Distrito Federal y egresó con un promedio general de 9.48 de la carrera de Derecho, se tituló en 1979 para hacer un pos grado en Ciencias Penales, mismo año en que ingresó a la justicia capitalina en la Séptima Sala del Tribunal Superior como secretaria H proyectista.

En 1984 fue designada como juez interina en la Sala Cuarta de lo Penal y en 1986 como propietaria.

En 1993 Guerra es designada magistrada numeraria de la Corte Suprema de la capital mexicana por el presidente Carlos Salinas de Gortari –aún eran los años en que la política del Distrito Federal se decidía desde la federación.

Con el primer gobierno electo, en 1997, Guerra llega a subprocuradora A de Procedimientos Penales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal durante el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas.

Como docente obtuvo en junio del 2003 de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la cátedra extraordinaria Luis Garrido como reconocimiento a su labor docente.

Ha dado cursos sobre reformas constitucionales y amparo, calificación de la detención y prolongación de la misma, interrogantes en un caso de parricidio y homicidio en relación de parentesco y visión de la procuración de justicia penal en el Distrito Federal; sobre la Convención de los Derechos de la Niñez y el combate a las adicciones.

Igualmente, participó en el programa de Coinversión Social 2002 organizado por la Red de Referencia y Contrafrreferencia de Casos de Violencia Doméstica en el Distrito Federal, de acuerdo a la curricula enviada por su oficina, con la conferencia Los Principales Procedimientos que Involucra la Violencia Familiar.

Ha sido conferencista también sobre el entorno familiar y la comisión de delitos, sobre delitos contra la libertad y la seguridad sexuales y el desarrollo psicosexual a propósito del nuevo Código Penal para el Distrito Federal en el último semestre del año 2002.

EXTRACURRICULAR

La penalista se hizo famosa por primera vez en 1995 al llevar la investigación de la muerte del magistrado Polo Uscanga, que como el de Digna Ochoa, también osciló entre un homicidio y un poco probable suicidio, además de la detención, cuando dejó el cargo Guerra, de un supuesto asesino liberado por ser inocente.

También se ganó antipatías cuando como subprocuradora A de Averiguaciones Previas tuvo que investigar el caso de tres jóvenes violadas por 15 policías montados de la delegación Tlahuac en junio de 1998.

Además de las implicaciones directas para las autoridades y policía capitalina, un factor extra es que su colega, el suprocurador C, Victor Carrancá, había defendido casi una década antes a las escoltas del entonces procurador, acusadas de 19 violaciones en el sur de la ciudad.

De ese episodio, cuentan algunas activistas del caso Tlahuac, ganó poca simpatía a pesar de que en reiteradas ocasiones, Margarita Guerra y Tejada expresó a Cimacnoticias su simpatía por la sociedad civil, movimiento del que se considera parte, especialmente sobre la búsqueda de equidad y género.

En ese caso coincidieron desde la defensa, la abogada Pilar Noriega –una de las mejores amigas de Digna Ochoa—y la actual fiscal, responsable de hallar la verdad en la muerte de la veracruzana, desde la PGJDF.

Otro caso donde Margarita Guerra tampoco se llevó aplausos fue alrededor del intestado de la única mujer novelista de la Revolución Mexicana, Nellie Campobello, a pesar de girar orden de aprehensión contra sus secuestradores y supuestos cuidadores, Claudio Niño Cifuentes y María Cristina Belmont en 1985 y puestos en libertad poco tiempo después.

Cabe recordar que fueron Rosario Ibarra de Piedra, líder del movimiento Eureka por los desaparecidos, y el periodista Miguel Angel Granados Chapa, quienes propusieron a la magistrada con licencia para hacerse cargo de la investigación sobre Digna Ochoa, hallada muerta en su despacho el 19 de octubre del 2001.

La decisión la tomó el procurador capitalino, Bernardo Batiz considerando “que la procuraduría es de buena fe con pleno respeto a los derechos humanos y tiene como finalidad encontrar la verdad histórica de los hechos”.

Anteriormente, en entrevista con Cimacnoticias Guerra aseguró que su intención era defender a Digna Ochoa.

Sobre su compromiso con la verdad, señaló en abril pasado a esta agencia de noticias que “no voy a manejar nada que no sea la verdad... creo que la gente debe preocuparse si se queda con algún secreto, yo al contrario creo que a veces me abro demasiado”. “Siempre he peleado por la justicia, porque las cosas se hagan bien” al aclarar que su agradecimiento al jefe de gobierno Andrés Manuel López Obrador, a Miguel Granados Chapa, Rosario Ibarra y Magdalena Gómez, quienes la propusieron como fiscal, no modificarán su necesidad de una conciencia tranquila.

Esta mañana los medios mexicanos dieron a conocer una versión de la Fiscalía difundida en una reunión cerrada con algunos representantes de la prensa nacional el martes pasado, donde Guerra confirmó el fallo de la fiscalía a su cargo: La abogada premiada por Amnistía Internacional, Digna Ochoa, se suicidó.

La fiscal reafirmó la versión del segundo perfil psicológico del que resulta que Ochoa y Plácido era una persona con muchos trastornos emocionales y una exacerbada mitomanía, pero pidió encarecidamente “no se le llamara loca.”

Margarita Guerra, expresó la certeza de que no iba a quedar bien, que la acusarían de fabricar pruebas y más.

2003/MR/MEL







       
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