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viernes 7 de marzo de 2003
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Las asesinadas trasgredieron los espacios asignados tradicionalmente: filósofa
Feminicidio en Juárez, “castigo por tomar la noche”

Soledad Jarquín Edgar, corresponsal cimac | Oaxaca

El feminicidio en Ciudad Juárez, Chihuahua, que ya es cotidiano y que corre el riesgo de ser común y acostumbrarnos, es un castigo a las mujeres por haber tomado la noche; “ellas, se piensa, trasgredieron el espacio que se les había asignado: la casa, salieron a trabajar en las maquiladoras y todavía buscaban divertirse en las noches”.

Así se expresó hoy la filósofa política Estela Serret Bravo, al explicar que las mujeres trasgreden la asignación de papeles hecha por los hombres dentro de la sociedad tradicionalista, donde se sostiene que sólo los varones tienen derecho a trabajar y a divertirse; por eso las mujeres tienen que “pagar su crimen”.

En la conferencia magistral “Tratamiento de la violencia intrafamiliar desde la perspectiva de género”, con la que concluyó el Diplomado de Atención Gubernamental a Víctimas de Violencia Intrafamiliar, explicó que la humanidad puede hoy modificar el sexo de una persona pero resulta muy difícil cambiar los patrones culturales que mantienen la desigualdad entre los hombres y las mujeres.

El cambio, apuntó la investigadora, sería una oportunidad para el presente y el futuro en las relaciones más igualitarias entre las personas, donde nosotras podamos nombrarnos, asignarnos y no sólo recibir desde el exterior el nombramiento y la asignación de lo que como personas nos corresponde ser y hacer.

Dijo que lo masculino y lo femenino son símbolos referenciales, son elemento de construcción por referencia de las identidades de las personas, se define al hombre o a la mujer cuando se nace al mirar los genitales, pero hoy en la sociedad hay personas que están reclamando no pertenecer a ninguno de estos géneros.

Serret Bravo insistió en que la resistencia al cambio de las estructuras mentales sobre lo que somos nos da mucho temor, porque toca nuestra propia identidad, porque nos sentimos en peligro.

Nuestra identidad, añadió la doctora en filosofía política, implica el cruce entre nuestra percepción y la percepción social, lo que somos para nosotros y lo somos para los otros.

Dijo que la violencia intrafamiliar tiene un sello de género, los hombres como las mujeres ejercemos la violencia, que en el caso de las mujeres es el único camino para decir “yo soy”, “yo cuento”, “yo valgo”, imitando el patrón de violencia del otro, lo que no la justifica.

Recalcó que dentro de la estructura creada, donde el hombre ejerce el poder desde una asignación binaria y jerarquizada, las prácticas que implican el reconocimiento sin el ejercicio de la violencia son un riesgo porque atentan contra el ejercicio de la masculinidad.

Por último, señaló que las personas que atenderán a las víctimas de violencia intrafamiliar en los núcleos de Atención Integral en 14 municipios de Oaxaca, tienen ahora la oportunidad de hacer cambios, de incidir, diseñar políticas, estrategias y programas que reduzcan la violencia dentro del hogar, no sólo para castigar sino para procurar que ésta no siga repitiéndose.

SJE/RGR







       
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