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lunes 26 de julio de 2004
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Concluyen 500 mujeres de la región
Mesoamérica, zona de desastre humanitario por feminicidio

cimac | Madrid

Al concluir el Encuentro “Mesoamericanas en resistencia por una vida digna”, celebrado hace unos días en el Salvador, más de 500 mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas, sindicalistas, lesbianas y trabajadoras del sexo de la región, exigieron a sus gobiernos que se declare a Mesoamérica como una zona de desastre humanitario por feminicidio.

En el documento final demandaron también a los gobiernos de la región que no privaticen los recursos naturales ni los servicios básicos como la salud, el acceso a agua potable o la educación porque aumentan la feminización de la pobreza. Asimismo, exigieron el reconocimiento de los pueblos indígenas y el respeto a su identidad cultural, a su territorio y biodiversidad.

Cientos de mujeres se dieron cita en la capital salvadoreña para analizar las condiciones sociales, culturales y económicas en las que vive la población femenina de la región que enfrentan además –como si fuera poco–, todo tipo de discriminación al ser marginadas por otros motivos, como la confesión religiosa o la orientación sexual.

Conscientes y críticas de las distintas realidades latinoamericanas, en su declaración final señalan “en la marginación, exclusión y pobreza generadas por el neoliberalismo, somos las mujeres las más afectadas”. Y peor aún si a la condición femenina se suman otras que las sociedades de nuestro continente marginan con igual o más fuerza.

La declaración final del Encuentro hace un especial énfasis en la necesidad de garantizar el cumplimiento de los derechos de las mujeres, que incluyen el acceso universal a la salud reproductiva, pero también recalca la urgencia de poner fin a la esclavitud, el tráfico y la explotación sexual de las mujeres y las niñas de todo el continente, según difunde el portal Mujereshoy.

Una realidad que está presente en todo el continente americano, especialmente en Mesoamérica, integrado por países como México, El Salvador y Guatemala, son las “terribles oleadas” de feminicidio, destaca el texto final, de ahí el llamado a los gobiernos de la región a combatir este flagelo. Panamá, Nicaragua, Belice, Costa Rica y Honduras, así como República Dominicana y Cuba, también forman parte de la región mesoamericana.

UN EJEMPLO

En Guatemala, el panorama no es positivo para las indígenas. Así lo dejó en claro en recientes declaraciones Francisca Tum, del Fondo de Desarrollo Indígena de Guatemala (FODIGUA), al realizar un urgente llamado para que el gobierno de ese país ratifique la Política Nacional de Desarrollo y Promoción de los Pueblos Indígenas y el Plan de Oportunidades.

A juicio de la funcionaria, en Guatemala como en muchas otras naciones de Mesoamérica simplemente no existen espacios de diálogo para que las mujeres indígenas puedan manifestar sus necesidades; al contrario, son víctimas permanentes de la discriminación y violencia.

Dijo que cualquier mujer de ese país que pertenezca a la comunidad maya será marginada inmediatamente, al no tener oportunidades reales de desarrollo integral, y todavía menos acceso a la salud, educación, vivienda y trabajo.

Condiciones básicas que el Estado debiera promover y garantizar de forma urgente a través de políticas nacionales que otorguen a las mujeres indígenas un rol protagónico incluso en el ámbito internacional, lejos de ese estigma turístico que las ubica prácticamente como objetos folklóricos.

Ciertamente, las guatemaltecas no son las únicas que enfrentan la triple discriminación de ser mujeres, indígenas y pobres. Sometidas a un crudo sexismo, la mayoría de ellas viven en la pobreza y su origen indígena aún las margina socialmente.

2004/GV/SM

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