REPORTAJE
Unidos
lo lograremos
Miriam
Ruiz
cimac | México, DF
Un sábado
cualquiera por la noche. En una disco en Monterrey, Nuevo
León, decorada con motivos vaqueros, suena “Mesa,
mesa que más aplauda” y la pista está
llena de jóvenes. Chicas lindas con jeans y camisetas,
veinteañeros universitarios con mucho gel. Sus parejas
de baile, sin embargo, resaltan a primera vista: son jóvenes
con capacidades distintas.
En
algún tiempo se les condenó al submundo de
la vergüenza y la reclusión. Hoy, las sillas
de ruedas se desplazan en la penumbra de la pista al ritmo
de moda y las discapacidades físicas o intelectuales
no significan incapacidad de disfrute.
Después
de todo no ha sido tan difícil, pero requirió
la paciente labor de la organización Unidos lo Lograremos
A.C., que se definen así: “Somos un movimiento
de transformación social, aceleramos la integración
de las personas en discapacidad con jóvenes con espíritu
de amistad, mediante una fórmula de interacción
diferente y atractiva.” Y hoy su modelo se replica
en siete ciudades.
Esta
interacción se realiza desde su fundación,
en 1987, mediante campamentos de día durante tres
semanas en el verano, clubes juveniles en sábado,
algunos viajes a lugares turísticos y también
salidas a cines, al boliche o a las discos. Se trata de
tender un puente entre un joven con discapacidad y sus amigos
voluntarios para iniciar una relación en la que ambas
partes se enriquezcan.
Esta
noche, en el “antro”, las y los voluntarios
traen fajas ortopédicas para apoyar a sus amigos
sin lastimarse. Mientras tanto, los meseros, temerosos al
principio de “posibles riesgos” por tener una
clientela tan particular, sirven sodas y celebran tener
una rampa.
En
17 años han organizado el mismo número de
campamentos tan sólo en Monterrey, un viaje a un
parque de diversiones en Texas, un viaje a Acapulco –incluyendo
visita al CICI y al Baby’O —una demostración
pacífica y contundente sobre las posibilidades de
las personas con discapacidad para gozar, aprender y, concuerdan
las y los voluntarios, enseñar.
EL
CUMPLEAÑOS DE NELLY
Es
el cumpleaños 43 de Nelly y en Unidos lo Lograremos
siempre hay ánimos para festejar. En sus reuniones
nadie pregunta: “¿Y tú que discapacidad
tienes? ¿Qué te pasó?”, pero
todos saben que Nelly vive con parálisis cerebral.
A
su fiesta llegan Fabi, David, Richie y, en total, una docena
de amigos. Las historias de participantes con discapacidad
se asemejan, igual que las de los voluntarios. Los primeros
se emocionan ante la posibilidad de tener una vida fuera
del restringido círculo familiar, y los segundos
encuentran que no vienen a ayudar, sino a aprender.
En
Monterrey y sus municipios conurbados, entre cada 10 participantes
con discapacidad en Unidos lo Lograremos seis son varones
y cuatro mujeres. En promedio, seis de cada 10 tiene entre
16 y 35 años de edad, tres entre dos y 15 años
y uno con 36 años o más.
De
acuerdo con los reportes que arrojan las exhaustivas entrevistas
con las familias de los participantes antes de entrar a
los programas, seis de cada 10 sufren alguna discapacidad
intelectual (con o sin síndrome de Down) y casi la
mitad del total tiene alguna discapacidad neuromotora y
física, mientras que dos presentan discapacidad visual
y mielomeningocele.
Provienen
en su mayoría de clases medias o altas, aunque 14.4%
llegan de estratos bajos y son apoyados con becas para los
participantes, de acuerdo con el diagnóstico elaborado
por Margarita Maza de Ramos, del Centro de Investigación
y Asesoría Educativa.
La
mayoría de participantes asiste a los campamentos
de verano, que en la actualidad se llevan al cabo en el
Parque España. Y 16%, generalmente los que más
tiempo tienen en la organización, asisten a todas
las otras actividades, que incluyen viajes y salidas nocturnas.
La
otra parte del programa, el equipo voluntario, se conforma
por 74% de mujeres y 26% de hombres. La inmensa mayoría
tiene entre 13 y 21 años de edad, aunque también
hay niñas y niños voluntarios y personas de
hasta 35 años. Casi todos son estudiantes.
UNIDOS POR TODO MÉXICO
Con
los años, se acercaron gentes de otras ciudades para
vivir una experiencia única y transformadora. Y el
modelo Unidos lo Lograremos de convivencia entre voluntarios
y personas con discapacidad en campamentos, fiestas y reuniones
se esparció por otras capitales: Guadalajara, Oaxaca,
Hermosillo, Cuernavaca, ciudad de México y, próximamente,
Ciudad Juárez. En el 2003 entraron formalmente organizados
bajo este modelo.
Seis de esas sesiones incluyeron intercambios de más
de un día en las ciudades, lo que permitió
que 168 participantes y 165 jóvenes amigos vivieran
la intensidad de la experiencia.
A
la fecha, en todo el país han vivido este modelo
de convivencia más de cinco mil 500 jóvenes
amigos y mil personas en discapacidad y sus familias desde
1987. Para 2003 participaron 513 personas en discapacidad
y mil un jóvenes.
Traspasar
su experiencia a todo México es un gran reto, de
acuerdo con las 18 personas que forman el personal de la
organización en Monterrey, un centro capacitador
para los otros. Para lograrlo han incluido la supervisión
de calidez en los programas, capacitación para jóvenes
amigos y orientadores capaces de replicar el modelo.
Cabe
señalar que, aunque no forma parte de este modelo,
los Centros de Rehabilitación Infantil Teletón
(CRIT) tienen clubes juveniles para los cuáles se
asesoraron directamente con la gente de Unidos lo Lograremos.
Para
la fundadora de Unidos lo Lograremos A.C., la licenciada
en educación Esthela Villarreal, el reto a la hora
de replicar el modelo será conservar el espíritu
del programa. Por ello, desarrollan cuidadosamente las metodologías,
capacitan a orientadores como Aurora, que ha sido voluntaria
durante más de cinco años y hoy está
lista para devolver su experiencia en otras ciudades de
México. E incluyen en el proceso de replica del modelo
a las y los usuarios con discapacidad
DETONAR
CONCIENCIAS
Esthela
Villarreal, quien tuvo una hermana y un hermano con discapacidad,
fundó la organización partiendo de que “la
gente no es mala, sólo lo desconoce”. En el
verano de 1987 reunió en el jardín de su casa
durante las mañanas a 15 niños con discapacidad
y 15 amigos voluntarios. Ese fue el germen del modelo.
Además
de subir la autoestima de las y los participantes, así
como de sus familias, para Esthela Villarreal el objetivo
es también “detonar conciencias.”
“Más
que a la persona con discapacidad, transformamos al voluntario”,
indica la fundadora, y espera que deje huella para hallar
“el impacto del joven de hoy si le toca ser padre
de un niño con discapacidad o ser empresario.”
Por
ejemplo, en Monterrey tienen entre sus anteriores voluntarios
a un actual director de escuela para personas con discapacidad,
al dueño de un gimnasio y una fundadora de una casa
hogar para personas con discapacidad.
Entre
sus logros colaterales están la construcción
de rampas en el Hard Rock Café de la ciudad de México,
adaptaciones en los autobuses del Bioparque Estrella, en
Nuevo León, y en el deportivo de CEMEX, donde el
encargado del estacionamiento les informó: “Nada
más se fueron ustedes y que agarro pintura azul para
marcar unos cajones especiales.”
NUEVOS
HORIZONTES PARA TAVO
Tavo
nació hace un cuarto de siglo en Monterrey en una
familia típica de clase media y su parálisis
cerebral marcó a su madre, Dora, su padre Gustavo
y a sus hermanos. Juntos han vivido una tarea amorosa pero
solitaria: sacar adelante a Tavo.
Además
de las terapias, la escuela de educación especial
o algunas actividades de la iglesia, el mundo de Tavo era
limitado. Además de salir los fines de semana con
su familia y ocasionales paseos con uno de sus hermanos
a los centros comerciales, Tavo no tenía una vida
propia.
Hace
seis años, unos vecinos los invitaron a participar
en las actividades de Unidos lo Lograremos, como parte del
programa de la organización Invita a un Amigo. Llegar
allí transformó la vida de Tavo: “A
mí me gustó porque se estaban divirtiendo
con los compañeros. Ahí me gustó”,
explica pausada y cuidadosamente.
Su
mamá, que vivió por años los sobresaltos
de un hijo con necesidades especiales, recuerda la primera
vez que salió de viaje: “Aquí solamente
era un niño sobreprotegido. Nomás con los
papás todo el día, pero empezó a cambiar
todo en Unidos. Fue un cambio radical para él. Tuvo
salidas. Su primer viaje fue una cosa maravillosa para él,
porque nunca se había desprendido de sus papás.
Yo llorando y llorando acá y él bien divertido
allá.”
Su
papá reconoce que “le faltaba la integración
que dan en Unidos. Ahora con la familia casi no sale, sale
con sus amigos.” Y perdió la timidez, se sintió
impulsado a mejorar su forma de hablar. Aun en televisión
él pide la palabra y lo empiezan a reconocer en la
calle. Aprendió, “porque yo tenía un
poco de miedo, me daban nervios, pensaba que no me iban
a entender.”
En
Unidos “tengo muchos amigos porque yo siento que me
han aceptado como soy ahorita. Platico con ellos y ellos
te platican a ti. Y tienes esa plática con tu amigo
que te orienta en todo lo que puede. Como Chuy o Mayté.”
Para
Tavo también hay retos más allá de
las fiestas. Cibernauta y estudioso de las computadoras,
espera encontrar la empresa que le pueda ofrecer trabajo.
2004/MR/
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