Presenta
Sin Fronteras resultados de una investigación
Cotidiana la
violencia contra mujeres migrantes
Mónica
Pérez Cimac | México, DF
La
violencia familiar, ejercida en la mayoría de los
casos por los compañeros o cónyuges, es un
hecho cotidiano en la vida de las mujeres migrantes de Centro
y Sudamérica, a la que se suman otros tipos de violencia
que padecen por su condición irregular en México,
sostiene un estudio realizado por la organización
Sin Fronteras.
En
conferencia de prensa, la directora de Sin Fronteras, Fabienne
Venet, indicó que las migrantes son objeto de violencia
ejercida en su entorno familiar cotidiano y por autoridades
de migración, ejército, policía, empleadores
y ladrones ocasionales en su trayecto migratorio, más
aún cuando se trasladan solas.
El
estudio concluye que la normatividad y la práctica
migratoria en México favorecen la vulnerabilidad
de las mujeres migrantes, ya que su documentación,
determinada por la dependencia económica de su pareja
o cónyuge, es un obstáculo para el acceso
a la justicia.
Ante
esta situación, la directora de Sin Fronteras afirmó
que en México es prioritario el diseño y la
aplicación de campañas de sensibilización
para el personal de las estaciones migratorias, así
como un marco de protección para las migrantes víctimas
de violencia familiar.
LOS
NÚMEROS
Al
presentar los resultados, explicó que el estudio
realizado entre 2003 y 2004, a través de talleres
y entrevistas a 65 mujeres de Centro y Sudamérica
en la estación migratoria de la Ciudad de México,
un albergue de Río Blanco, Veracruz, y un local de
Tapachula, Chiapas, detectó que la violencia en sus
diferentes formas está presente en todo el proceso
migratorio.
Respecto
al destino de las migrantes, explicó que el 57 por
ciento se dirigían a Estados Unidos y 43 por ciento
señaló México como destino. Las entrevistas
se realizaron a mujeres procedentes de Ecuador, El Salvador,
Guatemala, Cuba, Venezuela, Colombia, Argentina, Honduras
y Perú.
El
estudio mostró que 46 por ciento de las entrevistadas
(30 mujeres) dijo haber sido objeto de algún tipo
de violencia, ya sea por parte de las autoridades, familia
o personas desconocidas durante el proceso migratorio.
De
este universo, 23 por ciento declaró que la violencia
se ejerció por las autoridades migratorias; 10 por
ciento por la Policía Federal Preventiva y con el
mismo porcentaje, la Policía Judicial y las municipales.
Las
entrevistadas identificaron como fuente de violencia al
Ejército en 6.6 por ciento de los casos, a las policías
estatales y bomberos en 3.3 por ciento cada uno; mientras
que 33.3 por ciento dijo no poder identificar a sus agresores.
Sobre
las formas institucionales, 30 por ciento declaró
haber sido objeto de violencia física; una cantidad
similar enfrentó agresiones psicológicas;
16.6 por ciento económica (en forma de extorsión),
10 por ciento sufrió algún tipo de violencia
sexual y 13. 3 no la especificaron.
Relacionado
con el mismo universo, las referencias al maltrato en el
entorno familiar arrojaron que 24 por ciento de las entrevistadas
sufrieron este tipo de violencia, mientras que 36 por ciento
negaron este hecho y el 40 por ciento restante no proporcionaron
datos.
Fabienne
Venet manifestó que este último porcentaje
se debe probablemente a la dificultad de las migrantes de
reportar e identificar la violencia familiar; así
como por el entorno en el que se hicieron las entrevistas.
BAJO
LA PERMANENTE AMENAZA
Asimismo,
explicó que la violencia doméstica se ejerce
mayormente por los hombres con los que viven o vivieron
las migrantes, quienes amenazan con denunciar su situación
irregular ente las autoridades migratorias.
En
este sentido, la investigación, apoyada por el Instituto
Nacional de las Mujeres y la Fundación Ford, presenta
los casos de tres mujeres migrantes establecidas en México
que fueron amenazadas por sus parejas.
Paula,
nacida en Guatemala ingresó al país en 1985
y tuvo tres hijos de padre mexicano. Luego, obtuvo una forma
migratoria que le autorizó permanecer en el país
al lado y bajo la dependencia económica de Leonel,
su pareja.
A
pesar de ser víctima violencia familiar, Paula sufrió
las consecuencias de su situación migratoria pues
su pareja le negó el apoyo para renovar anualmente
su documentación. Paula desistió de un juicio
penal y dos de sus hijos permanecen con Leonel, quien le
restringe las visitas.
Respecto
a la violencia contra las migrantes cuando se encuentran
en tránsito por México, 48.2 por ciento de
las entrevistadas manifestaron haber sufrido violencia sexual,
física o psicológica.
2005/MP/SJ

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