Margina
a mujeres por cuestión de género
Iglesia no
debe ocultar violación a derechos humanos
Guadalupe Vallejo Mora
Cimac | México, DF
Es
urgente que la jerarquía católica haga una
autorrevisión y acepte que la violación de
los derechos humanos es una realidad que practica en su
interior y que no puede esconder más, opinó
Aidé García Hernández, representante
de la organización Católicas por el Derecho
a Decidir (CDD), al recordar los casos de sacerdotes pederastas,
de violaciones a religiosas, así como la violación
y negación de los derechos de las mujeres en la institución.
Durante
la presentación del libro Los derechos humanos dentro
de la Iglesia Católica, que reúne varios artículos
compilados durante el seminario Los derechos humanos dentro
de la Iglesia Católica, organizado por CDD, García
Hernández dijo que por años, los jerarcas
católicos se han arrogado el derecho a controlar
la sexualidad, la reproducción e incluso la diversidad
a la que tiene derecho cada persona.
“La
jerarquía debe actualizarse, abrirse a los nuevos
tiempos y reconocer que las personas son sujetos de derechos
sexuales y reproductivos, y como tal, son derechos humanos
que no puede controlar más”, opinó al
recordar que en el Sínodo de los Obispos realizado
en 1971 se dejó claro lo siguiente: “Si la
iglesia ve por los derechos humanos fuera de ella, también
ha de ver hacia dentro”.
Durante
la presentación llevada a cabo en la Casa del Poeta,
en la colonia Roma, el sacerdote Raúl Cervera opinó
que el tema de los derechos humanos en la Iglesia es una
invitación a las iglesias cristianas “para
que nos pongamos a revisar y discernir lo que representan
para la humanidad las modernas formulaciones y codificaciones
de estos derechos en las legislaciones de muchos países”.
Lo
anterior, dijo, “porque en principio, todo lo que
signifique un avance en el respeto a la vida y la dignidad
de las personas es algo con lo que los seguidores de Jesucristo
debemos estar de acuerdo e impulsar animadamente, sobre
todo en este contexto neoliberal tan desfavorable”.
“Incluso,
nos puede servir para revisar y discernir el modo en que
están diseñadas nuestras instituciones eclesiásticas
y sus maneras de proceder. En el fondo tenemos la convicción
de que los valores del Evangelio van mucho más allá
de esos paulatinos y, a veces, tímidos avances de
las instituciones gubernamentales y privadas”, acotó.
Por
su parte, Edgar Cortés, de la Red Nacional de Organismos
Civiles de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todos,
recordó que en todos los casos la lucha por los derechos
humanos siempre ha sido llevada adelante por las víctimas
de violaciones de derechos humanos que, desde la marginalidad,
cuestionan un estado de cosas injustas y ponen ante nuestros
ojos partes de la realidad que se oponen a la dignidad de
la persona.
“En
la Iglesia estamos viviendo este proceso: mujeres, homosexuales,
menores abusados sexualmente, entre otros, nos dan su palabra,
nos comparten las historias de negación de derechos
humanos y nos obligan a hablar de derechos humanos en la
Iglesia, a pugnar porque esta utopía florezca también
en esta institución”.
La
teóloga Marilú Rojas urgió a hablar
y a abordar los derechos humanos en la Iglesia, pues recordó
que por ser una institución y organización
de seres humanos tiene grandes limitaciones grandes en este
aspecto.
“Hablemos
de la situación de la mujer, en todo caso, pues aunque
la mayoría de las practicantes somos, mujeres nuestra
palabra y actividad apostólica es poco reconocida
y más bien casi nula. La mujer en la iglesia es marginada
por cuestión de género y por el ámbito
de pensamiento, de trabajo y remuneración del mismo,
aunque éste sea de igual o hasta mejor calidad, muchas
veces, que la del hombre, y más si éste es
ministro”.
En
su oportunidad, el presidente de la Comisión de Derechos
Humanos del Distrito Federal (CDHDF), Emilio Álvarez
Icaza, destacó la importancia del ser humano como
un agente portador de derechos, así como la idea
de la participación ciudadana y de la democracia
a partir de los términos del Concilio Vaticano Segundo.
EL
TEXTO
CDD
es un movimiento de vanguardia que a partir de las reformas
constitucionales de 1992 ha encabezado una labor que exige
a la Iglesia católica una mayor responsabilidad en
sus funciones, como, por ejemplo, las denuncias por casos
de sacerdotes pederastas, y una mayor transparencia en la
rendición de cuentas a la feligresía.
“Sabiéndonos
Iglesia, queremos ser consecuentes con nuestro compromiso
de corresponsabilidad en su caminar y coherencia de vida.
Con este libro pretendemos abrir el diálogo en el
tema de los derechos humanos en su interior, como signo
del amor e interés que tenemos en ella”, destaca
la organización.
Deja
claro que los artículos compilados en este libro
son fruto del seminario Los derechos humanos dentro de la
Iglesia católica, organizado en 2003 con el objetivo
de propiciar un espacio de encuentro, diálogo, análisis
y reflexión interdisciplinaria sobre los derechos
humanos en el interior de la comunidad eclesial católica.
Roberto
Blancarte, investigador del Colegio de México (Colmex),
ha definido a CDD como un “comando especial”
de mujeres que rescató la voz de quienes integran
la verdadera iglesia, en contraposición con las posturas
fundamentalistas y retrógradas de los jerarcas católicos.
Recordó
que CDD se inició cuando todavía no se celebraban
las conferencias mundiales de El Cairo y Beijing, en las
que por primera vez se establecieron los derechos sexuales
y reproductivos de las mujeres.
A
lo largo de las páginas del texto, el lector podrá
encontrar reflexiones y preocupaciones profundas de personas
católicas y de otras confesiones que aman a sus iglesias,
y que desde ese cariño meditan, opinan y proponen
sobre los derechos humanos en el interior de sus comunidades
de fe. Desde el sitio de la estima, la indignación
y la libertad, analizan la gran necesidad de reconocer,
promover y defender los derechos humanos dentro de sus iglesias.
05/GV/YT

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