OPINIÓN
¿Quién
responde por Lydia Cacho?
Cecilia Lavalle*
Cimac | México, DF
El viernes 16 de diciembre, la periodista y destacada defensora
de los derechos humanos de las mujeres Lydia Cacho Ribeiro
fue detenida en Cancún, Quintana Roo. Debe responder
ante un juez por el delito de difamación y calumnia,
de lo que se le acusa a propósito de uno de los señalamientos
que hace en su libro Los demonios del Edén, donde
publica el caso más importante de pederastia que
se sigue en ese paraíso turístico. Mi pregunta
es: ¿y a nosotros, como sociedad, quién nos
responde por la vida e integridad física y mental
de Lydia Cacho?
No
es una pregunta menor, porque Lydia, desde fines del año
pasado, ha sido amenazada de muerte de manera reiterada
precisamente por su trabajo en defensa de las mujeres violentadas
y, por supuesto, por las denuncias públicas que ha
realizado por el caso de pederastia en Cancún, en
el cual salen a relucir nombres de empresarios y políticos
mexicanos con mucho poder.
Desde
hace casi 20 años Lydia Cacho se dedica a defender
los derechos humanos de las mujeres. Con esa misión
autoimpuesta ha escrito dos libros, así como artículos
y ensayos publicados en diversas partes del mundo; fundó
el Centro Integral de Atención a la Mujer (CIAM)
en Cancún, que da apoyo y protección a mujeres
e infantes víctimas de violencia; ganó el
Premio Estatal de Periodismo 2002 y es especialista en temas
de violencia y género para UNIFEM.
Como
parte de su labor, protegió y apoyó a jóvenes
y niñas víctimas del libanés nacionalizado
mexicano Jean Succar Kuri, acusado de pederastia y probablemente
vinculado con una banda internacional de corrupción
de menores y pornografía infantil. El seguimiento
de este caso y la publicación de los nombres de varios
hombres poderosos mencionados en el curso de las investigaciones
le han valido a la periodista distintas amenazas de muerte.
Asimismo,
a lo largo de este año fue amenazada y constantemente
hostigada por un agente de la Agencia Federal de Investigaciones
(AFI) y por un narcotraficante, debido, en ambos casos,
a que brindó protección a las esposas e hijos/as
de estos sujetos cuando acudieron al CIAM en busca de apoyo
y refugio.
En
todos los casos, Lydia Cacho interpuso una y otra vez las
demandas correspondientes. Incluso el Observatorio para
la Protección de los Defensores de los Derechos Humanos,
con sede en Ginebra, emitió el pasado 3 de febrero
una carta dirigida a las autoridades mexicanas federales
y de Quintana Roo solicitando protección para la
periodista. Como consecuencia, el entonces procurador general
de la República le asignó a otros agentes
de la AFI para que la protegieran, y hasta el sol de hoy
ninguno de los denunciados ha sido detenido.
Sin
embargo, la rapidez y eficiencia con la que actúan
dependencias encargadas de eso que llaman en México
procurar justicia es, a veces, asombrosa. El poderoso empresario
textilero radicado en la ciudad Puebla Kamel Nacif Borge,
mejor conocido como el Rey de la mezclilla, señalado
en el libro de Lydia Los demonios del Edén como compadre
y socio de Succar Kuri, interpuso una denuncia por difamación
en octubre pasado.
En
menos de dos meses el juez quinto penal de Puebla giró
orden de aprehensión, y en menos de dos horas, el
16 de diciembre, Lydia fue detenida por elementos de la
Policía Judicial de Quintana Roo, incomunicada, entregada
a los elementos de la Policía Judicial de Puebla,
sacada por la puerta de atrás de la corporación
e introducida a un vehículo para ser trasladada por
carretera a la ciudad de Puebla, en un camino que sin parar
se recorre en unas 20 horas.
La
Procuraduría de Justicia de Quintana Roo actuó,
al parecer, apegada a derecho. Cumplió puntualmente
y con inusitada eficiencia el convenio de colaboración
suscrito con la Procuraduría de Puebla. Mi pregunta
es: sabiendo que ha sido amenazada de muerte y hostigada
por diversas personas, entre ellas por al menos un elemento
policiaco y un narcotraficante, ¿no debió
seguirse un procedimiento especial que incluyera máxima
protección para que ella respondiera a la justicia
poblana de lo que se le acusa?
¿No
es por lo menos sospechoso que la Procuraduría de
Quintana Roo haya permitido que Lydia viajara más
de veinte horas, sola, en un vehículo con dos judiciales
y un chofer, por carreteras que en sí mismas pueden
entrañar diversos riesgos? ¿Quién responde
por la vida e integridad física y mental de Lydia
Cacho?
Mientras
escribo estas líneas me entero de que Lydia llegó
a Puebla, donde responderá por el delito de difamación
de que se le acusa. Un delito menor, dicho sea de paso,
por el que obtendrá libertad bajo fianza.
El
gobernador de Quintana Roo, Félix González
Canto, afirmó que no se trata de un ataque a la libertad
de expresión y que el asunto es una competencia de
las autoridades de Puebla.Ya sabemos entonces, por los hechos
y los dichos, que el gobierno de Quintana Roo en este asunto
se lava las manos. Sabemos también que Lydia responderá
ante la ley de Puebla de lo que se le acusa. Lo que no sabemos
ahora y en adelante es: ¿quién responde por
la vida e integridad física y mental de Lydia Cacho?
Apreciaría
sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com
*Periodista
mexicana
05/YT

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