Socióloga
italiana y senadora por la Izquierda Independiente
Franca
Ongaro Basaglia y el feminismo mexicano
Silvia
Marcos Cimac | Cuernavaca
Con
la muerte de Franca Ongaro Basaglia el pasado 13 de enero,
se fue una de las figuras de referencia mas importantes
de todas las luchas civiles y culturales que han cuestionado
no sólo la institución psiquiátrica,
sino la situación de las mujeres en las sociedades
patriarcales.
Hija
de una familia acomodada de Venecia: la ciudad de palacios
flotantes, Franca fue sepultada el 15 de enero, luego de
que amigos, colaboradores de muchos años y autoridades
políticas e intelectuales se reunieron en una emotiva
ceremonia y acompañaron el cortejo fúnebre
que se deslizó por el Gran Canal en una góndola
que llevaba el féretro cubierto de rosas rojas.
Conocí
a Franca Ongaro Basaglia en Venecia a mediados de los años
70. Después de asistir a un seminario en el CIDOC
de Cuernavaca con Franco, su esposo, quien me invitó
a participar en su proyecto “hospital abierto”
en Italia.
En esos años el movimiento denominado popularmente
“anti psiquiátrico” causaba revuelo internacionalmente.
Como psiquiatra, Franco era director del hospital “abierto”
de Trieste en la frontera entre Eslovenia e Italia. Recuerdo
que Franco reveló públicamente que tenia siete
procesos legales en su contra. Como director, se le hacía
legalmente responsable de la conducta de sus pacientes.
Mi
estancia en el hospital de Trieste me permitió participar
durante unas semanas en la dinámica innovadora de
apertura que el movimiento de Psiquiatria Demócratica
realizaba esos años. Al regresar a Venecia como huésped
de la pareja Basaglia-Ongaro, pude empezar a intimar con
Franca.
Era
la pensadora y socióloga que sistematizaba el carisma
político de Franco. Había fundado ahí
el “Centro de Crítica a las Instituciones”
de la municipalidad de Venecia-Mestre que dirigió
hasta recientemente.
Franco
y Franca eran compañeros de ruta del Partido Comunista
Italiano y co-fundadores del movimiento “Psichiatría
Democratica”, una asociación de trabajadores
de la salud mental que tuvo gran fuerza política
en toda Italia.
Ambos eran incansables en sus propuestas de justicia para
los “enfermos mentales” y de critica a las instituciones.
Sus análisis giraban en torno a la institucionalización
psiquiátrica de la violencia.
La
reinserción social del “loco” -fuera
del manicomio- no debería separarse de la crítica
a la función social y política del confinamiento
hospitalario psiquiátrico. La destrucción
del manicomio era parte de la lucha por hacer más
sustancial y real la democracia.
Ambos
escribieron y publicaron varios libros clásicos hoy
en día . Entre ellos: Los Crímenes de la Paz,
La Institución Negada, ¿Que cosa es la Psiquiatría?,
Morir de Clase, La Mayoría Marginada.
En
su introducción a la publicación póstuma
de los escritos de su compañero y colega, Franca
describe el trabajo de ellos dos así:
“Una lucha de liberación que a partir de una
critica de la ciencia , de su dogmatismo, de sus instituciones,
y su falsa neutralidad, llega a la critica y de la connivencia
de la organización social en la cual ciencia e institución
son un solo sistema de control...”(Premessa,ix, Scritti,
1981).
Pero
Franca tenia también un espacio y un lugar de creatividad
sólo de si y para si. Este consistía en la
revisión critica a la situación de las mujeres.
“... Porque lo privado es el lugar, en el que la mujer-
aunque se encuentre comprometida en la misma lucha (política
y publica)- tiene que pagar , en tanto mujer, también
el precio del compromiso politico del varón, quien
continúa exigiendo de ella la compensación
por la dureza de su propia vida y de su propia lucha.”
(p.9, Mujer Locura y Sociedad).
Con
intervenciones semejantes durante su gira por México
dando conferencias y reuniéndose con grupos de mujeres,
Franca se forjó un espacio de referencia insustituible
en el feminismo de los años 80. Su prosa desnuda,
brillante y profunda con la claridad e inmediatez de la
denuncia, influyó en el trabajo sistemático
que desarrollaron posteriormente teóricas feministas
como Marcela Lagarde.
Dora
Kanoussi, afirma en su comentario a las ponencias de Franca
en la Universidad de Puebla que “solamente ahora es
clara la relación entre lucha de clases y lucha feminista”
(p.65, Mujer Locura y Sociedad) aludiendo al enorme impacto
que los análisis de Franca tuvieron sobre los grupos
de mujeres activistas, feministas de izquierda , y/o comunistas
en aquellos años.
La
evolución de esas influencias iniciales son ya del
saber común feminista en nuestros días. Raramente
se pone una a reflexionar en la deuda histórica que
tenemos con esa feminista tan fuerte como sencilla, reflexiva,
discreta y brillante que enunciaba verdades con una contundencia
que hacía ver lo obvio de sus propuestas. ¿Como
no se nos había ocurrido antes? Que no es “natural”
que se despoje de su dignidad a los enfermos mentales, que
no es “natural” que el establishment médico-
científico les niegue sus derechos como personas,
¡que no es la “naturaleza” que hizo a
la mujer inferior al hombre!
Una
recuperación de nuestras genealogías feministas
- como lo recomienda Chandra Mohanty - debería incluir
a esa figura tan influyente sobre nuestro pensamiento.
Entre
sus obras, amén de aquellas que escribió y
editó con Franco, disponibles en español y
básicas para el pensamiento teórico de género
se encuentran Mujer, Locura y Sociedad, y Una Voz, ambas
publicadas por la editorial de la Universidad de Puebla
entre 1980 y1981.
Además
está su intervención, “La Mujer y la
Locura” en el IV Encuentro Internacional de Alternativas
a la Psiquiatría, Cuernavaca, 1978, publicado en
el libro Antipsiquiatría y Política, Edit.
Extemporáneos, Sylvia Marcos (ed). “La madre
no ha podido transmitir a la hija sino la capitulación,
la idea del limite que no se debe trasponer, amenazada de
exclusión y con el riesgo de no ser considerada mujer
o femenina”. “...madres sin madre”, esa
voz de ella todavía resuena en mis memoria.
Al
oírla comprendí mucho de mi historia entrelazada
con la de mi madre. Innecesario culpabilizar psicoanalíticamente
a la madre, cuando se contextualiza su conducta en lo social
, sujeta y forjada por los mandatos sociales patriarcales.
Añadía “...el ser considerada cuerpo
para-otros, ya sea para entregarse al hombre o para procrear,
es algo que ha impedido a la mujer ser considerada como
sujeto histórico-social, ya que su subjetividad ha
sido reducida y aprisionada dentro de una sexualidad esencialmente
para-otros” (Antipsiquiatría y Política,
p. 168).
Alguna
vez, estando yo de paso por Venecia, me quejaba con ella
de los límites que mi familia me imponía como
mujer. Ella me miró reconociendo su propia experiencia.
Si, me confesó, “a mi también mi madre
me ha dicho ¨Franca, una señora debe ....’.
Ella tuvo que estudiar, en un primer momento, Literatura
por empeño de su familia.
Incluso
hizo un par de publicaciones para niños. Esto lo
consideraba su familia como muy propio de una joven veneciana.
Sin embargo ella escogió posteriormente la sociología
y dedicó su vida a asuntos que probablemente la familia
no aceptaba como propios para ella.
Un
libro en donde recoge y amplía algunas de sus colaboraciones
a la Enciclopedia Einaudi se intitula Salud/Enfermedad.
En él impulsó la creación de un nuevo
sentido común sobre: razón y locura, igualdad
y diversidad, normal y patológico, exclusión
e integración, cura y normalización, medicalización
y control.
Todas
estas temáticas fueron elaboradas desde su perspectiva
histórica y filosófica, y enriquecen profundamente
el discurso y la teorización de género.
Otra
de sus contribuciones es la introducción a un texto
que marcaría toda una época en la discriminación
hacia las mujeres. Su título lo dice todo: “La
inferioridad mental de la Mujer “ de Paul Julius Moebius(1904).
Este
libro consta de cuatro introducciones que ella habría
ampliado después de agotarse cada edición.
Todas son interesantes porque ahí narra, con una
ironía muy suya, cómo sus análisis
fueron generalmente recibidos con hostilidad por un público
amplio pero también se vislumbra en ellas los cambios
que cada edición fue creando en el público
lector.
Cuando
estuvo en México en la Universidad Autónoma
Metropolitana (UAM), esa introducción fue una de
sus ponencias. Muy diferentes fueron las reacciones de nosotras
las feministas.
En
su introducción a “Un proceso de Estupro”
afirma: “ahora la mujer no acepta más ser violentada
sexualmente y además ser culpada por ello”.
En estos textos desenmascara las situaciones de violencia
y sujeción hacia las mujeres que ejemplifican “una
fuente de racismo antifemenino”.
Franca
Ongaro fue elegida por dos legislaturas como senadora del
grupo parlamentario de la Izquierda Independiente. Se ocupaba
de temas diversos como cárceles, tóxico-dependientes,
violencia sexual.
Tomó
el liderazgo en la batalla parlamentaria por la aplicación
de la ley de reforma psiquiátrica y en el diseño
de la ley 180 que presentó por primera vez en 1987.
Durante
su mandato y aún hasta 1994, ella influyó
en la elaboración del reglamento para esa ley que
desmantelaba el hospital psiquiatrico. En 2001 recibió
el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Sassari
y su Conferencia Magistral al recibirlo se intituló,
“Tutela de Derechos y Saberes Disciplinarios.”
Invitada
a participar en el Seminario “Feminismos” en
el CEIICH de la UNAM en el 2002, iba a presentar un tema
sobre los cambios en los movimientos feministas en los últimos
20 años. La recuerdo explicándome como los
había vivido ella y analizando los contextos que
habían hecho evolucionar , cambiar y re-enfocar el
movimiento.
Desafortunadamente
su estado de salud no le permitió viajar a compartir
su sabiduría con nosotras . Antes de despedirnos,
en Venecia la última vez que cené en su casa,
hace dos años, Franca buscó uno de sus escritos
para dármelo. Sacó un volumen de su biblioteca
“Una Voce”, me dijo “ es el último
que tengo...pero llevátelo” Se inclinó
sobre el libro y escribió: “Para Silvia , con
el afecto, de tantos años...”
2005/SM/LR
|