Florinda
Riquer en Público y Privado
Del feminismo
a la institución, una historia por contarse
Susana
Aranda Cimac | México, DF
La conferencia de la mujer en México, en 1975, marcó
el inicio de un acercamiento del movimiento feminista con
el gobierno, y de un cabildeo entre la sociedad civil y
las instituciones nacionales e internacionales a favor de
las demandas de las mujeres, explicó la maestra Florinda
Riquer Fernández, coordinadora académica de
la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Esta
es una de las reflexiones del libro Del movimiento Feminista
a la Institución, ¿una historia que aún
no puede contarse?, comentó la maestra al participar
este lunes en el Programa Público y Privado –producción
de Comunicación e Información de la Mujer,
A.C. (CIMAC).
El
libro en cuestión está basado en una investigación
de tres años donde se va explorando la forma de relación
entre la así llamada sociedad civil y la sociedad
política básicamente, preguntándose
qué tanto ha influenciado y si han penetrando las
demandas de la sociedad civil en las agendas públicas.
Es un proyecto donde participaron investigadores brasileños,
peruanos y chilenos; “en el caso mexicano, no había
una reflexión mínima sobre la relación
entre el movimiento feminista y las formas que ha adquirido
el mismo movimiento de institucionalizarse”, es decir
que estas preocupaciones, demandas, formaran parte de la
agenda del gobierno y conforme a programas y leyes se afrontara
el tema de la inequidad, de desigualdad de género.
La
académica expresó que en la historia del feminismo
se marcan dos momentos de institucionalización: el
primero a través de los centros feministas en los
años 70, en donde se puso el tema de violencia de
género, y por estos mecanismos el movimiento se institucionalizó
muy rápido.
El
segundo, y que tomó años, fue cuando el movimiento,
como parte de la izquierda, entendió que la única
manera que las demanda feministas tuvieran algún
alcance y tener logros como el Parlamento de Mujeres, era
sentarte con el adversario -por llamarlo de alguna forma-
y negociar, lo cual no significaba venderse sino asumir
un liderazgo, puntualizó.
La
maestra Riquer explicó que sin duda el actor feminista
ha penetrado ya a la acción política, “un
ejemplo es el asunto de la asesinadas de Ciudad Juárez,
donde las organizaciones civiles, las académicas
y los institutos trabajamos de forma conjunta con el gobierno,
con una permanente negociación, vinculación
con estos diferentes ámbitos gubernamentales”.
Por
otro lado, “podemos darnos cuenta que el movimiento
ha puesto una agenda política cuando vemos que la
información con la que contamos en investigaciones,
en los diferentes espacios, en la publicaciones, ya podemos
encontrar una parte importante de información de
las brechas de inequidad; antes no se sabía, no teníamos
dónde investigar”, comentó.
Para
concluir, comentó que en términos generales
en este proceso de institucionalización podemos hablar
de más logros que fracasos, pero aún debemos
seguir trabajando.
Como
en los programas que se impulsan desde los institutos de
las mujeres, los cuales tienen que ser proyectos donde el
componente de la inequidad esté adentro del corazón
mismo del quehacer político y del hacer política.
“Una
solución podría ser copiar el estilo de la
Unión Europea, sentarse con la élite y con
los grandes a discutir la importancia que tiene para las
sociedades contemporáneas, entender que ninguna forma
de diferencia como la sexual, siga siendo pretexto para
la inequidad, la injusticia, para la discriminación”.
05/SA/GM

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