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martes 31 de mayo de 2005
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OPINIÓN
¿Cuántas más?

Cecilia Lavalle Cimac | México, DF

¿Cuántas mujeres más tienen que morir en Ciudad Juárez? Esta pregunta se leía en una de las pancartas que algunas mujeres portaban en la sede de la ONU en nuestro país, durante un mitin de protesta que se realizó. ¿Cuántas más?

Es más, evidentemente, que una simple pregunta. Es un grito, es un reclamo, es una bofetada. Y debería doler tanto cuanto más se considere que debe propinarse con eco internacional porque de lo contrario no será escuchada.

A las mujeres no nos extraña eso. De hecho, si no hubiera sido por el escándalo internacional que han hecho diversas organizaciones de mujeres, en México seguirían haciendo de cuenta que no existe el caso de las Asesinadas de Juárez.

Y a propósito digo ASESINADAS porque las mujeres de quienes hablamos no se murieron solitas: Las mataron. Las violaron, las golpearon, en varios casos las torturaron y luego las asesinaron.

El asunto es tan grave que dio lugar a que la antropóloga Marcela Lagarde, actualmente diputada federal y presidenta de la Comisión especial para conocer y dar seguimiento al feminicidio en el país, incorporara una nueva palabra a nuestro diccionario: feminicidio.

Feminicidio es el conjunto de hechos de lesa humanidad que contienen los crímenes y las desapariciones de mujeres. Es el genocidio contra las mujeres, y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres”. Y ya sólo que tengamos que acuñar una palabra para ese horror debería vivirse como una tragedia.

Pero no. En mi país no es una tragedia que a una mujer la golpeen, la violen o la asesinen. Eso es apenas una anécdota que a lo mucho se publica en la nota roja de los periódicos y casi siempre con alguna velada disculpa para el agresor. En mi país dos, diez, noventa mujeres asesinadas en una sola ciudad, no es una tragedia.

Cuando Francisco Barrio Terrazas fue gobernador Chihuahua (1992-1998), de acuerdo con organizaciones civiles murieron asesinadas más de 100 mujeres. Y las veces que reclamaron atención y justicia y protección, Barrio dijo cosas como: “es una cifra normal” o dijo que se trataba de mujeres “que salían a bailar con muchos hombres”.

Hoy ese hombre quiere ser el candidato del partido Acción Nacional a la presidencia de la República. Y eso tampoco es considerado una tragedia.

No. En mi país no es una tragedia que las mujeres sean asesinadas por cientos, ni que nos sintamos inseguras, agraviadas, olvidadas, abandonadas o agredidas por el Estado.

No. No es una tragedia. Es, eso sí, un escándalo. Y lo es porque muchas mujeres han gritado desde hace diez años lo que está sucediendo en Ciudades Juárez. Y lo es porque muchas otras mujeres hemos gritado a los cuatro vientos nuestro escándalo por la omisión, la impunidad, la indolencia.

Y lo es, porque hemos encontrado en distintos medios de comunicación nacionales e internacionales hombres y mujeres que igualmente se han escandalizado y han sido solidarios al repetir como el eco los gritos de “Ni una muerta más”.

Y lo es porque organismos nacionales internacionales comprometidos en la defensa de los derechos humanos han gritado al mundo su mayúsculo escándalo por lo que sucede en México.

Y lo es porque la sociedad toda se siente agraviada por un Estado que no garantiza un mínimo de seguridad para nadie.

Pero tragedia no es. No lo es al menos para las autoridades.

Discursos van, discursos vienen. Poses de indignación que ni conmueven ni convencen. Acciones, estrategias, líneas de investigación que no arrojan nada sino más desesperación, desaliento, desconfianza, decepción.

La tragedia es para las mujeres. Tragedia es que sepamos que, estemos donde estemos, corremos peligro por el hecho de ser mujeres. Tragedia es que no se haya hecho lo necesario para que no se asesinen más mujeres en nuestro país.

Tragedia es que tengamos que educar a nuestras hijas con menos libertad para intentar protegerles la vida. Tragedia es la falta de voluntad o incapacidad de autoridades estatales y federales para garantizar el derecho a la vida y a la libertad de las mujeres y niñas. Tragedia es que en la sede de la ONU sigan preguntando ¿Cuántas mujeres más tienen que morir en Ciudad Juárez? Tragedia es que el gobierno no tenga la respuesta a esa pregunta.

Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com

2005/CL/SJ


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