REFLEJOS
LEGISLATIVOS
Entre la vida
y la muerte
Lucero Saldaña*
Cimac | México, DF
La
salud según Kart Barth, teólogo alemán
antinazi, es la fuerza para vivir. Sin embargo, hay que
matizar esta definición. Esto nos lleva a una amplia
gama de enfoques: desde los aspectos físicos y mínimos
hasta la máxima comprensión de la salud como
bienestar completo en todos los niveles de la vida: física,
mental, social, medioambiental y espiritual. Un concepto
de salud holístico y dinámico.
La
salud es la fortaleza para ser humanos, según Jürgen
Moltmann, defensor de los derechos humanos; si la vida humana
es el don de Dios, y la salud es la fuerza para ser humanos,
entonces el derecho que tiene una persona a su vida es básico,
según los derechos humanos: algo que obliga a toda
persona a que respete y procure su salud y la de quienes
le rodean.
En
cierto sentido, la muerte es el acontecimiento más
natural de la vida y, al mismo tiempo, el más antinatural.
“Todo tiene su tiempo… tiempo de nacer, y tiempo
de morir”. Sin embargo, la ambigüedad asociada
a nuestra comprensión de la muerte se manifiesta
también en la perplejidad que rodea la definición
de la muerte en lo tocante a la práctica clínica.
En
la mayoría de los casos, el cese de la respiración
y del latir cardíaco son criterios válidos
para determinar la muerte. Pero ahora se han incrementado
las técnicas que dan posibilidad de mantener el funcionamiento
de los órganos por medios artificiales, lo cual da
pie a la necesidad de disponer de criterios bien meditados
para aplicarlos a las decisiones de cuándo conectar
o desconectar las máquinas.
La
elección de la muerte, con la controversia de la
eutanasia, no está abierta a la moralidad cristiana,
dada la creencia de que la vida es algo que Dios ha confiado.
La fuerza del debate parece basarse en dos afirmaciones;
una señala que el dolor de una fase terminal no se
puede aliviar, algo que contradice la experiencia de los
hospicios para enfermos terminales; y la otra, que los médicos
deben preservar la vida a toda costa desde un punto de vista
ético, valorando la vida como algo positivo. Desde
esta perspectiva, la muerte no es una elección por
la que el ser humano pueda optar.
Muerte
misericordiosa, llaman a aquélla producida mediante
un sistema artificial; su complejidad está presente
en debates no aclarados sobre el estado vegetativo persistente
o sobre las definiciones de la muerte del tronco encefálico;
también entran en juego la autonomía del paciente
y su consentimiento, la economía médica y
la distribución de recursos escasos, e incluso los
casos de recién nacidos con minusvalías, cuando
lo normal ha sido decidir no aplicarles tratamiento alguno;
aquí, la lógica de la eutanasia apenas puede
distinguirse de la del aborto o de la dificultad de las
mujeres para decidir autónomamente.
Buena
parte del apoyo del que disfruta la eutanasia nace de dos
conceptos: la muerte suele ir precedida de un tremendo dolor,
y que la aplicación de la tecnología médica
moderna está destinada a prolongar el proceso de
la agonía todo lo que sea posible. Sin embargo, en
los hechos, la medicina se ha rehusado a administrar medicamentos
y tratamientos inútiles que meramente prolonguen
la agonía.
La mayoría de los abogados contemporáneos
de la eutanasia legalizada -tal como sucede en Holanda-
enfatizan el carácter voluntario de su objetivo,
remarcando la autonomía del paciente como el factor
determinante de su postura. Modificar las leyes para permitir
la eutanasia no dejaría de un lado que todos los
actos fueran voluntarios; seguramente el consenso sería
por la negativa, aunque las razones filosóficas y
técnicas se sigan debatiendo.
Contribuir
con quienes deciden interrumpir su vida es no permitirles
esforzarse por ella; es lo contrario a la definición
de salud no sólo entendida como la ausencia de enfermedad,
sino como el derecho a la oportunidad de vivir mientras
haya vida. La ciencia no debe estar reñida nunca
con la vida, ni aún después de la muerte.
lsaldana.spri@senado.gob.mx
*Senadora
por el Partido Revolucionario Institucional
05/LS/YT

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