REFLEJOS
LEGISLATIVOS
Mirando hacia
atrás y hacia adelante
Lucero Saldaña*
Cimac | México, DF
Los
principios sobre la dignidad humana implícitos en
la Declaración Universal de los Derechos Humanos
adoptada el 10 de diciembre de 1948, fueron elaborados en
respuesta a los horrores de la Segunda Guerra Mundial, con
la esperanza de que el respeto por los derechos humanos
en todo el mundo evitarían en el futuro una guerra
y genocidio parecidos. Si bien, muchos países no
se encuentran en situación de guerra, si se puede
apreciar la situación emergente sobre las diversas
formas de violación a los derechos humanos.
Desafortunadamente,
los avanzados conceptos contenidos en dicha Declaración,
así como en subsecuentes tratados de derechos humanos,
no han sido efectivamente implementados. Mientras que la
violencia y la discriminación contra las mujeres
constituyen algunas de las más serias y difundidas
violaciones a los derechos humanos que hoy confronta la
comunidad internacional, las prácticas de virtualmente
todos los gobiernos son inefectivas e incluso negligentes
en adoptar acciones para poner fin a dichos abusos.
Y
las defensoras y defensores de los derechos humanos de las
mujeres ya sea que trabajen en casas de refugio para mujeres
golpeadas, en centros de salud, clínicas de planificación
familiar, oficinas legales, proyectos de desarrollo comunitario,
gobiernos locales, parlamentos e incluso en agencias de
Naciones Unidas, a menudo ven su trabajo y sus vidas amenazadas.
Los
abusos a los que se ven sometidas las mujeres varían
desde hechos muy dramáticos hasta situaciones de
vida diaria. Algunas violaciones impactantes han comenzado
a recibir la atención pública, como por ejemplo
la violencia y abuso sistemático que resulta del
extremismo religioso y cultural, raptos y esclavitud de
mujeres para explotación económica y sexual,
y la tortura y violación en situaciones de conflicto
armado.
Otros
abusos ocurren diariamente, y a menudo permanecen invisibles:
la falta de justicia para las víctimas de violencia
doméstica; la negación de la dignidad a las
mujeres que buscan atención de salud y opciones reproductivas,
las agresiones sexuales a las mujeres encarceladas; los
ataques hacia mujeres lesbianas y otras mujeres que pertenecen
a minorías; el acoso a mujeres en el trabajo; la
violencia hacia mujeres de edad avanzada; y la negación
de los medios adecuados para la sobrevivencia a millones
de mujeres que son las más pobres entre los pobres.
El
movimiento por los derechos humanos de las mujeres ha emergido
como parte de un sector más amplio a través
del cual ellas están buscando comprender las múltiples
fuerzas que afectan sus vidas y redefinir las opciones que
están disponibles.
Las
mujeres reclaman un espacio público para que se conociera
la verdad sobre sus vidas, y esta es una coyuntura crítica
porque vivimos una época de muchas transiciones.
La expansión de la economía global ha atraído
una “paz caliente”, en la medida que los bloques
de poder cambian y la incertidumbre económica crece
en todo el mundo.
Con
la escalada de conflictos raciales, étnicos, religiosos
y de género, las cuestiones referidas a los derechos
humanos de las mujeres y a su rol en la sociedad se han
transformado en detonadores de debates. Se trata de un momento
con ataques contra los avances logrados, pero también
con oportunidades para que las mujeres expongan sus demandas
como protagonistas destacadas en la determinación
de lo que será el futuro.
Un
rasgo central de la respuesta de las mujeres a estas fuerzas
globales ha sido trasformar las definiciones e interpretaciones
de los derechos humanos. Señalando que los derechos
de las mujeres son derechos humanos se demuestra que las
violaciones a estos derechos tienen el rasgo del género,
sin embargo; los derechos humanos de las mujeres no son
una preocupación especial, sino más bien un
aspecto fundamental de todos los derechos humanos.
El
ideal de los derechos humanos ayuda a construir y a reforzar
un poderoso vocabulario para darles un nombre a las violaciones
basadas en el género y a los impedimentos para ejercer
la total igualdad y ciudadanía de las mujeres. El
desafío ahora es encontrar las formas de continuar
construyendo este diálogo global más allá
de las conferencias mundiales e integrarlo a las instituciones
de derechos humanos a todos los niveles.
Defender
los derechos humanos de las mujeres es crucial para crear
un siglo basado en una cultura de respeto a los derechos
humanos, ya que sienta la base para el logro de los derechos
humanos de todos en el siglo XXI.
lsaldana.spri@senado.gob.mx
* Legisladora mexicana
05/LS/LR

|