Prevalece
insalubridad en penales para mujeres
Deben respetarse
derechos de reclusas
Esther de la Rosa
y Miriam Ruiz Cimac
| México, DF
La
muerte -en el penal femenil de Santa Martha Acatitla- de
Norma Angélica Ortega Sierra, quien tenía
29 años, a causa de una supuesta falta de atención
médica, se podría haber evitado.
Así
lo aseguran diversos diagnósticos que desde el año
pasado prendían una alerta roja sobre los malos servicios
de salud para las reclusas del Distrito Federal, al igual
que las mujeres del dormitorio E, quienes por esta razón
iniciaron el motín en la madrugada de este 18 de
octubre.
Gerardo
Covarrubias, coordinador operativo de la organización
Ronda Ciudadana, que ofrece talleres de derechos humanos
al interior del penal, afirma que desde el 2004 habían
hecho entrega a las autoridades de un documento con las
peticiones de las reclusas donde se hacía hincapié
en la falta de medicamentos.
“Lo
que es nuevo para nosotros es el intento de motín,”
señala al reconocer que en este Centro Federal de
Readaptación Social (Cefereso) ha habido apertura
para el ingreso de organizaciones de la sociedad civil como
Ronda Ciudadana.
Desde su trabajo en Santa Marta Acatitla, con el proyecto
Tejiendo Redes al Interior, los integrantes de la organización
encontraron una gran preocupación por los servicios
de salud.
“El
año anterior, en esta línea, tuvimos una sistematización
que recogía cada una de las inquietudes. En ese entonces,
la directora del penal, la licenciada Briceño, recibió
las propuestas que hacían ellas para mejorar la convivencia
y la situación al interior del centro,” añadió
Covarrubias en entrevista telefónica.
“Lo
que nosotros hemos recogido es una preocupación en
torno a la salud muy alta, sobre todo por la falta de medicinas”,
abundó.
Pese
a que ayer las y los talleristas no pudieron ingresar al
penal tras el motín, han tenido comunicación
con las autoridades penitenciarias que ofrecieron permitir
su ingreso mañana miércoles para reponer la
sesión del taller.
SE
VEIA VENIR
Parece
que la situación de las reclusas sólo despierta
el interés periodístico cuando es demasiado
tarde. Y aunque para las autoridades no se trate de un motín,
los hechos no sólo desembocaron en una actuación
policial con gases lacrimógenos, sino que sacaron
a la luz las violaciones de los derechos humanos que se
producen en el seno del Sistema Penitenciario Mexicano.
No
existen muchos canales donde la población reclusa
pueda hacer llegar sus demandas y derechos. Para corregir
esta situación, la Comisión Nacional de los
Derechos Humanos (CNDH) realiza diagnósticos y recomendaciones
sobre la situación de las cárceles mexicanas.
Es
responsabilidad del Estado ofrecer a la reclusas y los reclusos
las instalaciones y los programas adecuados para su rehabilitación
y posterior reintegración efectiva en la sociedad.
Pero la Comisión ofrece un retrato de las cárceles
bien diferente.
Las
inspecciones que realizó en 2003 constataron que
eran comunes las violaciones a derechos humanos, la inseguridad
jurídica, el hacinamiento, las condiciones de vida
infrahumana, la corrupción y los abusos cometidos
por las autoridades.
El
caso de las mujeres es de especial relevancia para la CNDH,
porque sobre ellas se da una doble discriminación:
por ser reclusas, con el estigma social que ello conlleva;
y por su condición de género.
Por
ejemplo, el uso de la violencia por parte de las mujeres
es socialmente reprobable por su imagen de madres, esposas
o hijas; de hecho, en 15.11 por ciento de las penas por
la participación de las mujeres en delitos que atentan
contra la vida, ellas son castigadas con mayor rigor.
La
discriminación se reproduce en distintos aspectos
del sistema penitenciario. Así, el notorio incremento
de la población reclusa femenina -en febrero de 2003
había un total de 8 mil 065 internas- no se corresponde
con el aumento o la mejora de las instalaciones.
Aún
son prioridad las instalaciones para hombres: de los 448
centros de reclusión del país, sólo
11 eran denominados femeniles; en otros, el área
para mujeres se anexa a la de los varones. La CNDH denuncia
que el hecho de que la población reclusa femenina
sea de 4 por ciento frente a la masculina no justifica el
descuido de sus centros.
En
cuanto al servicio médico, la Comisión denunció
en 2002 la falta de atención sanitaria y la carencia
de recursos técnicos, personales y materiales para
ofrecer una atención inmediata.
Las
reclusas con hijos también encuentran un sistema
penitenciario deficiente que no ofrece un espacio adecuado
para el desarrollo y crecimiento de los niños, dándose
casos, como denuncia la Comisión, de 5 o 6 internas
hasta con 3 hijos que comparten una celda pequeña
en completo hacinamiento.
Hechos
como el de Santa Martha Acatitla devuelven la mirada a la
depauperada situación de las cárceles y la
discriminación de las reclusas. Asimismo, reclaman
la actuación efectiva por parte del Estado que, según
el artículo 115 de la Carta Magna, debe hacerse cargo
de los centros de reclusión de todo el país.
05/MR/ER/YT

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