¿Cómo
lograr que los programas sociales no sean un botín
político?
Blindaje electoral
Leticia Burgos*
Cimac | México, DF
Hoy
tenemos que reconocer que seguimos arrastrando diversos
problemas en el uso y manejo de los programas sociales y
los recursos del erario público para fines electorales.
No
hemos ido de frente contra la impunidad ni contra la corrupción,
y lo que se ha hecho es insuficiente. Ha disminuido el número
denuncias, sin embargo, esto no necesariamente significa
que las autoridades responsables estén actuando:
puede significar desencanto y desinterés ciudadano
porque la justicia nunca llega.
Esta
consignado en nuestra realidad nacional que candidatos y
operadores políticos de los distintos partidos políticos
y de los gobiernos estatales y del federal han hecho uso
y mal uso de programas sociales, tanto en sus procesos internos
como en los constitucionales, federales, estatales y locales;
que los esfuerzos realizados por el poder Ejecutivo, el
Instituto Federal Electoral y la PGR, si bien son ponderados,
siguen siendo insuficientes. La voluntad ciudadana sigue
siendo burlada y corremos el riesgo de que la abstención
triunfe.
En
efecto, necesitamos un blindaje electoral dentro del marco
del pacto de civilidad que el presidente Vicente Fox invocó
en su V Informe de Gobierno; el PRD le ha tomado la palabra
para enfilar el rumbo hacia el proceso de renovación
de la presidencia y los procesos locales, que se juntarán
en las mismas fechas el próximo año.
El
blindaje tendrá que ser de gran envergadura para
que los programas sociales y los recursos del erario público
no sean utilizados con motivos políticos. El pacto
de civilidad debe comprender la voluntad de los tres poderes
de la nación y los tres niveles de gobierno. Necesitamos
un decreto que establezca una instancia para que la actividad
de las y los observadores electorales cuente con legitimidad
y legalidad para elaborar e interponer denuncias ante ministerios
públicos y jueces de paz por todo el país.
Estos
observadores ciudadanos con investidura legal darán
confianza a la ciudadanía de que ningún partido
y ningún gobierno podrán malversar recursos
públicos o dinero de los programas sociales.
Necesitamos
dar confianza para que la ciudadanía vaya a votar
y asuma un papel legítimo de guardiana de la legalidad;
para que rompamos el círculo perverso de la política
servil donde el amago y la prebenda mantienen sometido a
un sector rural e indígena muy numeroso a un sistema
político antidemocrático.
Reconocemos
los esfuerzos que la Cámara de Diputados ha realizado
para que ahora, en el Senado de la República, de
manera perentoria, aprobemos el dictamen que adiciona un
título a la Ley General de Desarrollo Social, misma
que establece las sanciones e infracciones para todo servidor
público que, en ejercicio de sus funciones, desvíe
o malverse los recursos; niegue o retrase la canalización
de los beneficios de los programas sociales; viole la normatividad
o use la información para fines contrarios a los
que establece la ley.
Con esto podemos avanzar hacia una nueva cultura cívica
basada en el respeto irrestricto a los derechos humanos
y al ejercicio pleno de la ciudadanía, que es una
deuda en la incipiente democracia nacional.
lburgos@senado.gob.mx
*Senadora
por el Partido de la Revolución Democrática

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