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martes 13 de septiembre de 2005
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Salto precipitado de Zacatecas al feminicidio
La impunidad: permiso para matar

Teresa Morales Duke* Cimac | Zacatecas

De un solo caso en el 2004, salta Zacatecas a seis feminicidios en lo que va del 2005. Se manifiestan la pérdida de valores, la descomposición social y la polución delictiva. Urgen en todos los niveles --llámese Estado, Sociedad y Familia— prevención y erradicación del odio contra las mujeres.

El hecho es que en Zacatecas, en un periodo de nueve días, esto es del 29 de agosto al 6 de septiembre de este año, cuatro mujeres fueron asesinadas a causa de violencia intrafamiliar, violencia sexual y, presumiblemente, en uno de los casos, aún no esclarecido, se entrevé una ejecución al estilo del narcotráfico.

Esta ola de violencia que sin duda impactó a la sociedad, representa un salto precipitado de Zacatecas al feminicidio, a decir de las estadísticas que situaron a la entidad, el año pasado, a la zaga en este fenómeno.

Lo anterior con base en el balance de la comisión de seguimiento de la Cámara de Diputados federales, en el cual el estado alcanzó el más bajo índice entre 24 entidades del país, con un solo caso del tipo entre los mil 117 feminicidios documentados en el 2004.

De acuerdo con datos del Centro Contra la Violencia de Zacatecas (CCOVIZAC), suman ya seis crímenes de mujeres zacatecanas en lo que va del 2005.

En el ámbito estatal cabe un llamado de alerta a las autoridades y a la población, para reforzar las medidas de prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, por más difícil que parezca frenar esta embestida escalofriante, que ya no es el caso emblemático de Ciudad Juárez, con 410 muertas; sino estados críticos como Veracruz, que en los últimos cinco años acumula 900 o Chiapas que va en las 203.

Se diría que en este panorama Zacatecas parece irrelevante. Sin embargo, la diferencia en el número de pobladores con respecto a esas entidades, también hace la diferencia en los índices, ya que se calculan en proporción a sus habitantes. Así, no es extraño que tengamos los más altos niveles en violencia familiar, emigración, suicidios y otros, en México.

ESCALADA EN ZACATECAS

El lunes 29 de agosto, en el municipio de Nochistlán, fue acribillada Celia Luis Luis, de 41 años de edad. Las autoridades presumen que se trató de un ajuste de cuentas del narcotráfico.
Ella y su hijo, de 19 años, fueron sacados por la fuerza, encañonados con armas de grueso calibre de un restaurante. Horas después sus cadáveres se encontraron en un crucero cercano a la cabecera municipal.

El primero de septiembre en el municipio de Tepechitlán, asesinaron de seis impactos de bala a Martha Agosto Castañeda, de 18 años de edad, quien había sido reportada por sus padres como desaparecida, tres días antes. Las autoridades tienen pistas que conducen a que su esposo es el presunto responsable del asesinato.

El mismo día, en la colonia Felipe Ángeles, del municipio de Villanueva, fue ultimada con una máquina para cortar pasto, Rosalía Villegas, a manos de su ex esposo Isidro Quintero, porque ella se negó a regresar con él. Le cortó el cuello y le perforó el pecho y el vientre.

La madrugada del 6 de septiembre se registró el homicidio de María Isabel Hernández Frías, de 18 años de edad, quien fue estrangulada al resistirse al abuso sexual. Se informó que su cuerpo semidesnudo fue encontrado en un lote baldío en la zona conurbada Zacatecas-Guadalupe.

Hasta el momento sólo uno de los cuatro responsables de estos hechos fue capturado.

LAS CAUSAS: POLUCIÓN DELICTIVA E IMPUNIDAD

En el fenómeno llamado “feminicidio”, se conjugan dos problemas fundamentales: la descomposición social que refiere la pérdida de los valores humanos y que se expresa, entre otros, en la violencia familiar con extremos de violencia feminicida, así como el sistema de impunidad derivado de la ineficacia en la procuración de justicia.

De acuerdo con datos oficiales, Zacatecas ocupa el primer lugar de violencia familiar en la República y se refleja en una tendencia nacional donde el 50 por ciento de los crímenes de mujeres son cometidos por los cónyuges. Así pues se da una estrechez entre ambos factores.

Una de las constantes que evita la prevención de los feminicidios es que aunque las autoridades reciben denuncias de violencia doméstica y acoso sexual, las investigaciones son lentas o nulas. Es decir, prevalece un trato minimizante de estos delitos, aparte de que no existe capacidad para un seguimiento eficaz por parte de las instancias de procuración de justicia.

Al respecto, en Zacatecas, un movimiento reciente de personal de las agencias del Ministerio Público daba cuenta públicamente de la falta de recursos materiales y humanos para corresponder a la demanda de los ciudadanos.

El feminicidio en Zacatecas, es explicable, además, como un efecto de polución, de penetración, de los entes o las conductas delictivas, al amparo de la impunidad que infecta el orden nacional y que hoy por hoy concede “permiso para matar” e incita a la delincuencia a pasear a lo largo y ancho del país.

La situación del resquebrajamiento del estado de Derecho, representa una llaga de la ineficacia y la corrupción en las instituciones encargadas de velar por la procuración de justicia y la seguridad pública.

ASUNTO DE GÉNERO Y DE ESTADO

Por supuesto no puede omitirse la lectura de este asunto fuera de la perspectiva de género, pues se trata de feminicidios. Está lejos aún la ruptura del orden machista, tanto a nivel del modelo familiar, como en los campos laboral y en el de la política, por más que identifiquemos avances.

Pero no sólo esta estructura patriarcal revienta en el feminicidio, sino el modelo de Estado que ejerce su impacto violento contra los grupos vulnerables, -- misoginia-- en el caso de las mujeres, y que no en vano, su desatención y omisión se lee como “crimen de Estado por cuestión de género”.

La mujer sigue situada en niveles de desigualdad, marginación y exclusión. Desde el pensamiento machista predominante, es blanco de la violencia opresiva, la pérdida de su individualidad, la explotación doméstica y sexual, y en general, el menoscabo de sus derechos humanos, principalmente el derecho a la vida, a ejercer su libertad, a la no violencia, a la igualdad de oportunidades, entre otros.

LA SUPERESTRUCTURA DE LOS ANTI-VALORES

En cuanto a la descomposición social, vemos que el impacto de la educación pública se ve rebasado por la asimilación de anti-valores fomentados por el modelo económico en el que el mercado y la competencia son la meta final que justifica los medios para alcanzar el éxito.
Asimismo se convierten en verdadera escuela de vida para los mexicanos sus malos gobiernos y los medios de comunicación masiva.

Las lecciones que imparten en el devenir estos actores, provocan un shock y una confusión entre la percepción pública de lo que está bien y está mal.

Las y los mexicanos viven en la contradicción de la pobreza con el precio del bienestar, así como en la expectativa del gobierno del cambio y la frustración por el engaño vivido respecto del nuevo México democrático.

Por si fuera poco, abrevamos los mensajes subliminales de la televisión mexicana, que es el principal medio de entretenimiento del grueso de la población, y que en general adolece de contenidos útiles a la formación y fomento de los valores, como el respeto a la mujer en todas sus términos, el respeto y el aprecio por la vida, el respeto de las reglas básicas para la convivencia y el desarrollo humanos, a cambio de divertir con programas, telenovelas y exceso de publicidad que son lecciones de intrigas, odios, crimen y denigración humana.

* Consejera de la CEDH

2005/TJM/SJ


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