Lanzan la
Declaración de Tlaxcala
Concluye II
Encuentro de Mujeres Rurales
Guadalupe Vallejo Mora,
enviada especial Cimac | Tlaxcala
Con
la Declaración de Tlaxcala, las 250 delegadas de
22 países participantes del Segundo Encuentro de
Mujeres Rurales de América Latina y el Caribe acordaron
realizar, de agosto a octubre, campañas intensivas
como un instrumento de presión para sus respectivos
gobiernos, así como difundir a la población
las luchas y propuestas de las trabajadoras rurales contra
el proyecto neoliberal y los tratados de libre comercio
que institucionalizan el exterminio de las mujeres rurales
y sus familias.
Ellas
acordaron el 15 de octubre como fecha formal para realizar,
en cada uno de los países, una marcha simultánea
a favor de la lucha de las mujeres rurales de América
Latina y del Caribe con el objetivo de difundir sus trabajos
y propuestas a la sociedad civil y a los gobiernos de cada
una de las naciones, e impulsar una cruzada en toda la región
por la documentación de las mujeres rurales, toda
vez que, en países como Ecuador, más del 40
por ciento de las mujeres no cuenta con certificados de
nacimiento.
Decidieron
también emprender, el próximo 1 de diciembre,
una campaña regional sobre la prevención del
VIH/Sida; evaluar las políticas y los planes dirigidos
a las mujeres rurales; hacer un boicot a los productos y
alimentos transgénicos, así como llevar a
cabo campañas de información y concientización
en torno al respeto y la defensa de nuestros recursos naturales,
las semillas autóctonas y las plantas medicinales.
Se
proponen rescatar los conocimientos ancestrales sobre las
técnicas de producción, preservación
del agua y conservación de la Tierra; promover el
conocimiento de los derechos ambientales y la participación
en la elaboración de políticas y estrategias
para preservar el medio ambiente, y dirigirse a las instancias
internacionales para exigir a todos los países la
preservación del medio ambiente.
Son
mujeres campesinas, indígenas, amazónicas,
aborígenes, negras, mestizas y blancas que hablan
diversas lenguas, tienen distintas edades y viven en el
medio rural de la agricultura y de la producción
pecuaria. Ellas, en la Declaración final, exigen
a sus respectivos gobiernos responder a las necesidades
y demandas de las mujeres rurales con políticas publicas
inclusivas, y con equidad, para enfrentar los problemas
de pobreza, opresión y desigualdad que se han profundizado
con el neoliberalismo.
También
demandaron una mayor participación política
en todas las instancias de toma de decisiones, tanto en
la vida pública como en la familiar, y que cada país
cuente con una ley de equidad de género que involucre
la educación formal y no formal, pública y
privada.
RESPETO
A ACUERDOS INTERNACIONALES
Respecto
a los acuerdos internacionales, solicitaron que las beneficiarias
sean las mujeres; que se garantice en las legislaciones
nacionales el cumplimiento del Convenio 169 de la Organización
Internacional del Trabajo en relación con los derechos
indígenas y que se lleven a cabo las modificaciones
de los Tratados de Libre Comercio que colocan en desigualdad
a los campesinos latinoamericanos y discriminan a las mujeres.
Acordaron también demandar que no se firme el Tratado
de Libre Comercio; exigir a los Estados Unidos y la Unión
Europea que eliminen los subsidios a los productos alimenticios
que exportan a nuestros países, y un alto al Plan
Colombia, a la militarización de ese país
y a la fumigación con glifosfato.
Luego
de cinco días de trabajo en el centro vacacional
La Trinidad, las indíogenas decidieron fortalecer
alianzas estratégicas con mujeres con representación
política para hacer que los presupuestos en los diferentes
niveles -nacional, regional y local- sean equitativos, con
enfoque de género y generacional, y luchar por la
democratización de los medios de comunicación
para que contemplen y difundan la diversidad imperante en
América Latina y el Caribe.
En
materia de salud y seguridad social, solicitaron la ampliación
y mejoramiento de los servicios de salud, con equipamiento
y medicamentos en las zonas rurales que atiendan a la diversidad
cultural, y que los gobiernos implementen políticas
de prevención y atención del VIH/Sida y de
enfermedades venéreas.
También
pidieron servicios de salud integrales para las mujeres
víctimas de conflictos armados, programas de atención
psicológica gratuita para las campesinas e indígenas,
y un mayor fomento a sus derechos sexuales y reproductivos.
En
educación, convinieron en que los presupuestos destinados
a la educación deben garantizar la continuidad de
la educación de las niñas rurales y desarrollar
programas de rescate, revalorización y fortalecimiento
de las lenguas y culturas indígenas, con enfoque
de género.
Con
respecto a la violencia, pretenden impulsar la creación
de redes para la prevención de este flagelo hacia
las mujeres rurales; exigir el cumplimiento de los acuerdos
de reparación en casos de violencia de parte del
Estado, y la asignación de recursos de para la implementación
de albergues y casas de refugio para víctimas de
violencia o abandono
En
relación con las políticas económicas,
condenaron la privatización de la tierra y de los
recursos naturales que han favorecido a las empresas transnacionales
en desmedro de las economías nacionales, y exigieron
respeto a los territorios indígenas, a las tierras
comunales y la aprobación de normas y procedimientos
que garanticen el real acceso de las mujeres a la propiedad
de la tierra, independientemente de su estado civil.
En
cuanto al trabajo y el salario, las delegadas de 22 naciones
hicieron hincapié en que se debe implementar una
política de empleo con salarios justos, iguales y
suficientes, para hombres y mujeres, que garanticen la vida
digna de las y los campesinos a fin de evitar la migración
05/GV/YT

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