Inicia una
nueva era política en Chile
A la reconciliación
y memoria histórica, llama presidenta Bachelet
Miriam Ruiz, enviada
Cimac | Santiago de Chile
Tomará
varios millones de dólares a la industria Hollywoodense
reproducir la emoción que se vivió esta tarde
cuando en un Galaxie convertible con dos banderas chilenas
arribó al Palacio de la Moneda la primera presidenta
de este país, Michelle Bachelet, que fijo la mirada
en miles de mujeres que como ella, portaban una banda presidencial.
Si
bien la música instrumental que sonaba en el lugar
contribuyó al instante dramático, al igual
que los papeles de colores que cubrieron el aire, poco se
podría hacer para alcanzar el ambiente electrizante
que los gritos a todo pulmón de mujeres rollizas,
niñas morenas y hombres de barba generaban.
“Bachelet,
Bachelet”, “Te lo mereces, te lo mereces,”
exclamaban frente a la mujer que sobrevivió tanto
al machismo político como a la tortura del dictador
para llegar a este día, haciéndose acompañar
por su madre, la arqueóloga Angela Jeria, sus dos
hijas y su hijo.
Minutos
más tarde, desde la histórica ventana en la
que aparecieron Salvador Allende y Fidel Castro en un momento
y Augusto Pinochet y el papa en otro, Michelle Bachelet
envió un mensaje en el que llamó por igual
a la reconciliación y a la memoria histórica
en un discurso atravesado siempre por una complicidad con
las chilenas. “Es tiempo de todos”, decía
su slogan. “Es tiempo de mujer”, dijo hoy.
“Hubo
tiempos de discordia en que nos dividimos unos y otros.
Nos miramos con recelo, suspicacia soberbia En estos 16
años de democracia hemos trabajado juntos para limar
la asperezas de una sociedad dividida, de una sociedad que
nos separaba entre los ajenos de los nuestros. Es el momento
de que todos nos sintamos de los nuestros.
Y
más adelante, “el pasado es el pasado y no
lo olvidaremos nunca”, dijo Bachelet que se hace presidenta
un día antes del aniversario luctuoso de su padre,
el general Alberto Bachelet, general de la Fuerza Aérea
en tiempos de Salvador Allende.
Antes
llegaron, también cobijados por la calidez del codiciado
pueblo, una veintena de ministras y ministros quienes, luego
de dar algunas declaraciones a la prensa o saludar de mano
a la gente, se situaron frente al histórico balcón
presidencial en una escena donde ya no es obvio reconocer
quién es ministro, ministra o consorte.
La
nueva ministra de cultura, Paulina Urrutia fue acompañada
de la alharaca de un grupo de artistas invitados para apoyar
a la funcionaria de más corta edad, con 35 años
y acompañada por un marido de buen traje, a diferencia
de la nueva ministra de la Defensa Nacional Viviene Blanlot
que entró al recinto con un joven de rizos atados
en una coleta y barba.
La
gente comenzó a arribar a la Plaza unas tres horas
antes de la ceremonia. Poco a poco se fue llenando de personas,
muchas de ellas mujeres. Algunas fumaban y resaltaban por
su número las “cincuentonas” que en sus
carnes abundantes acomodaron la banda presidencial que recién
habían comprado.
Al
frente, como siempre, las más entusiastas con banderas
en azul, rojo, amarillo sólido que solo tenían
ocho letras: B A C H E L E T.
Ninguna bandera hacía alusión a los partidos
que la llevaron al triunfo, que vivieron con más
algarabía los militantes y simpatizantes de la izquierda
de la Concertación.
Tampoco
faltó la vendimia, no sólo de banderas presidenciales
sino de banderas con frases en apoyo a la nueva mandataria.
Botones, palomitas o cabritas, como se les llama aquí
“Cintitas, cintitas” llamaba la vendedora de
moños rojos y azules. Y estaban, rondando, las y
los extranjeros que invitados especiales o no, quisieron
vivir el momento.
Una
y otra vez, la gente –el pueblo—y el nuevo gabinete
hablaron de un día histórico. Las niñas
también miraban a Bachelet con azoro en el momento,
pensando quizá, que ya no quieren ser princesas,
sino presidentas.
06/MR/LR

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