Nueva identidad

Pederastia, un delito que violenta derechos de la infancia

 

Por Guadalupe Cruz Jaimes

 

México DF, 11 dic 07 (CIMAC).- La paidofilia es un trastorno psicológico que consiste en el deseo sexual de un adulto hacia una niña, niño o adolescente, el cual puede culminar en el abuso sexual de la o el menor de edad, un acto delictivo que violenta los derechos humanos de la infancia y convierte al agresor en pederasta.

 

Este suceso es más común de lo que imaginamos. Por lo menos 1 de 5 mujeres y 1 de 10 hombres dicen haber sufrido este tipo de abuso durante la niñez.

 

El abuso sexual infantil consiste en que un adulto obligue a un menor de edad a tener contacto sexual. El abusador puede usar fuerza física, soborno o intimidación, y aprovechar la falta de conocimiento del infante, para presionarlo.

 

Cualquiera de los siguientes actos de un adulto se consideran abusos sexuales: acariciar los genitales de una niña o niño, convencerlo para que toque los genitales del abusador, todas las formas de penetración, mostrarle los órganos sexuales a una o un menor, enseñarle pornografía o utilizarlo como modelo con el mismo fin.

 

Millones de niñas y niños sufren abuso sexual en el mundo, pero sólo se denuncian entre el 10 y el 20 por ciento de los casos reales. El abuso puede cometerse en el hogar o fuera de él.

 

En 8 de cada 10 casos reportados la o el menor conoce al abusador. La agresión puede suceder dentro o fuera del hogar.

 

Es posible que ocurra dentro de la familia, a manos de alguno de los padres, un padrastro, hermano u otro pariente; o fuera de la casa, por ejemplo, por un amigo, un vecino, la persona que lo cuida, un maestro o un desconocido.

 

Ningún menor está preparado para un evento de esta naturaleza a sus cortos años. Aún las y los niños de dos o tres años desarrollarán problemas como resultado de su incapacidad para enfrentar la sobre-estimulación.

 

El daño que causa el abuso sexual a las y los niños se queda grabado en su cuerpo y su memoria causando estragos físicos y psicológicos a corto y largo plazo.

 

Las y los menores que han sido abusados sexualmente sufren de pesadillas, problemas de sueño, trastornos en los hábitos alimenticios, cambios de comportamiento repentinos, como orinarse en la cama o una pérdida del control de las evacuaciones.

 

En el aspecto emocional prevalece un miedo generalizado, agresividad, culpa, vergüenza, aislamiento, ansiedad, hiperactividad, depresión, baja estima y rechazo al cuerpo propio. 

 

Los cambios de conducta incluyen el conocimiento sexual precoz inapropiado a su edad, masturbación compulsiva, entre otros. Las y los niños que han sufrido abuso sexual se caracterizan por ser antisociales.

 

Existen consecuencias del abuso que prevalecen con el paso del tiempo e incluso pueden agudizarse, algunas de ellas son: disfunciones sexuales, problemas al relacionarse socialmente y tendencia a las adicciones (drogas, alcohol).

 

07/GC/GG/CV



 


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